OPINIÓN: QUIERO ESCRIBIR UN CUENTO EN ESTA CUARENTENA ¿ALGUN CONCEJO?

Piedra Concejo

Quiero escribir un cuento. ¿Algún concejo? Y después volvía a preguntar lo mismo, pero esta vez tenía deseos de escribir un poema. Leí los cientos de concejos que le daban los internautas. Creo que no le sirvió ninguno. Al menos a mí no me ha ayudado, ahora que quiero escribir un cuento y busco y rebusco en la memoria aquellos acontecimientos que antes del encierro por esta pandemia liberaron el origen de lo que hasta hoy he escrito. Ante la sequía literaria,  Gabo aconsejaban pintar el apartamento o arreglar las chapas dañadas de las puertas y Álvaro Mutis forzar la vida hasta el último límite.  Graham Greem también, pero mientras Mutis lo buscaba en los cabarets,  lo hacía en los oscuros pantanos de las guerras. Helen Keller en la oscuridad y el silencio de su destino. Juan Carlos Onetti nunca empezó un escrito sin la embriaguez del alma y Vargas Llosa sin apartarse de su neoconservadurismo de marras.

Juan Rulfo buscó el comienzo y fin de sus escritos en esos mundos paralelos que nadie imaginaba. Albert Camus se inspiró en las pestes que han azotado a la humanidad desde siempre y Haruki Murakami en la mujer perfecta paseando por una calle de Tokio. Así que el concejo de los internautas al interrogante de la chica, el más común, “lea, lea, lea…” tiene, de pronto, su utilidad, pero a futuro. La chica pregunta para este instante, para la hora en que un contingente de traviesas hormigas nos hace cosquillas en el estómago y no podemos soltar la risa al vuelo o, lo que es más común, nos entra la nostalgia de la nostalgia de lo que aún no hemos escrito y no encontramos el desagüe ni las lágrimas para desinflar el alma.

Margareti Yourcenar tenía a su mano la histórica marginación de la mujer y Juana de Arco a su amado Jesús. Y Cervantes las ilusiones y frustraciones de la Castilla Universal. Pues sí, de todo. Incluso, me imagino que García Márquez estaba sin tema ni inspiración propia cuando determinó escribir el General en su laberinto, idea original de Álvaro Mutis. Es decir, incluso la apropiación de ideas sirven para justificar el inició de un poema o un cuento, una novela o cualquier obra de arte. Sólo que en este caso, se corre el riesgo de terminar en una celda si el agraviado considera que el desarrollo de su idea originaria también le pertenece.

Nunca como antes me he sentido como la preguntadora de Facebook.  ¿Qué hacer? La solución, como muchos piensan, no hay que buscarla. Ella ocurre. Así, de repente, como hoy, que he pasado horas frente al ordenador sin saber que teclear, esperar un rato y volver al Facebook. La chica que pregunta ha estado preguntando lo mismo desde hace días. ¿Cómo empezar? Y entonces me acordé que muchos autores revelan sus estrategias para poder escribir sin el estorbo del bloqueo mental.

En “Paris era una fiesta”, Hemingway nos dice que el secreto para no perder un solo día, es que se debe escribir la noche anterior y parar donde más clara esté la idea. De esta manera, al otro día es fácil coger el ritmo del día anterior. Si a este proceder, le agregamos las ideas de Fyodor Dostoevsky, quien creía que las cosas y los acotamientos más sencillos son en realidad materiales fabulosos para grandes obras literarias, entonces vamos bien. César Vallejo hizo de su tragedia una obra poética monumental. Pero, ¿y ahora? La pandemia hace añicos a la salud pública y amenaza con cargarse a los gobiernos. Y el gobierno interno de la casa, confinado por orden del Coronavirus, no acaba de ponerse en marcha. Y las grandes historias que pensábamos escribir en tiempos de reposo se van por los desagües.

Y no es que pidamos mucho, como si hacían otros. Neruda no podía escribir sino tenía a su mano un bolígrafo de tinta verde, así tuviera frente a una mujer de esas que tú tienes nostalgia antes de conocerla. Y hay otros que  no se andan por las ramas. Contratan un equipo de investigadores y los pone a recolectar material en las bibliotecas del mundo sobre un personaje, un acotamiento o una historia de amor. Pide resúmenes, puntos de vista, razones y sin razones y luego arma el libro. Pero la chica y yo no podemos hacer ni lo uno no lo otros. Por eso ella ha echado mano de Facebook para pedir ayuda y yo he echado mano del tema para escribir esto que en realidad no sé para donde va.

Tuve la tentación de aconsejarle que se apuntara a una de esas páginas que prometen volverte escritor en 60 días: escribir tu libro, revisarlo y publicarlo con el resultado de Bet seller. O también decirle que se acoja a los clásicos concejos de no pensar para quien escribes, de soltar y soltar sin poner mucha atención a la ortografía o las reglas instituidas para los escritores. Pero tampoco es el problema de la preguntadora. Incisito, la pregunta iba dirigida a algún samaritano de la literatura que le dijera cómo empezar a escribir un poema. O un cuento.  Y allí todo el mundo patinaba, porque no tenía ni idea de la historia que la preguntadora quería empezar a escribir. Si los internautas hubieran imaginado la historia, pues algo le dirían. Lo que me lleva a pensar que la pregunta tiene un fondo diferente: buscar historias, sinopsis de ellas para desarrollarlas.

A mí siempre me ha gustado lanzarme al vacío sin salvavidas. Como cuando empecé esta historia que creía iba a tratar sobre cómo la llevan los escritores confinados. Pero ha ido por otro lado. Bueno. Los escritores han practicado siempre un auto confinamiento libre. Cuando el confinamiento es impuesto la cosa no cuadra. Se necesita de un espíritu fuerte para escribir en una cárcel, en el exilio, en condiciones de sufrimiento atroz o de tortura, pero el mismo espíritu se necesita para  abordar el tema de convivencia familiar, el ruido del grifo a las dos de la mañana, los pasos disipados de los amores perdidos.

Escribir ahora sobre las causas, los hechos, las consecuencias de la pandemia es más o menos complicado en este momento sino le hacemos caso a Fyodor Dostoevsky y empezamos mirar con ojos simples la realidad que nos rodea. Allí pueden tener origen las grandes obras del mañana. Y dejar que la realidad de procese a sí misma y se vuelva materia prima de versos, obras de teatro, series musicales, grandes novelas y novedosas efigies.

 Y ahora qué le respondo a la preguntadora de Facebook. ¿Qué se busque la vida? Porque creo que todo esto no le servirá para nada. Me ha servido a mí para divagar un rato. Pero sí, le voy a ser una sugerencia, una idea para que escriba su cuento: escriba el cuento.

 

 

 

 


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1 comentarios

  1. Tito | 04/05/2020 09:07h. Avisar al moderador
    El cuento de la cuarentena, donde se ha cambiado la definición: "Nunca, en la historia de la humanidad, se confinaron los sanos, siempre se lo hacía con los enfermos" Wikipedia. Suecia uno de los pocos países que sigue fiel a la antigua Cuarentena, los sanos en la calle y trabajando y los contagiados aislados, es lo suyo. En España y la mayoría de países todo al revés, 47 millones confinados, de lo cuáles 1 millón contagiados. Esto es normal? Pués no. Y la inmunidad donde queda? Sencillo, ante otro brote, seremos más vulnerables que los suecos. La inmunidad colectiva es necesaria y no se logra escondiendo a la gente. No se puede salvar a todo el mundo, y está visto que no lo lograron, ni recluyendo a todo el mundo.   

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