LA VIVENCIA DE UN CENTRO DE SALUD…

Hace más de tres meses que se empezó a oír una palabra que llegaría a condicionar nuestras vidas, una infección respiratoria muy contagiosa y que podía llegar a tener consecuencias muy graves, incluso letales: “coronavirus”. Quién iba a imaginar que la infección COVID-19 iba a cambiar la vida de las personas y a dar un vuelco absoluto a la atención sanitaria.

Se trataba de una infección que iba en aumento, que se transmitía por las gotitas de saliva y las secreciones respiratorias que se mantienen suspendidas en el aire cuando una persona que presenta el virus tose o estornuda. Esto implicaba muchas cosas; implicaba el contagio a través “del respirar”, o sea que cualquier persona se podía contagiar; se trataba de un virus desconocido que aparecía con una sintomatología tan diversa que incluso llegaba a despistar a los profesionales, y todo ello se agravaba si eran mayores de 70 años o tenían factores de riesgo.

Para los profesionales del centro se planteaba un giro en la forma de trabajar, y se empezó a reorganizar tanto el espacio físico como la manera de atención a la población, siendo momentos muy, muy duros, que estaban suponiendo muchísimos esfuerzos y un gran desconcierto.

Reuniones diarias que cambiaban los protocolos de trabajo continuamente, la falta de directrices, de recursos, la falta de medios de protección, las bajas por enfermedad de los propios trabajadores sin posibilidad de ser suplidos, son puntos clave que han definido esta etapa.

Adaptación del centro

Respecto a la adaptación del centro, se empezó con la rampa de acceso: se pintaron unas rayas que indicaban una de las medidas más importantes de esta pandemia, la distancia de seguridad de metro y medio; una puerta giratoria permitía entrar al centro de salud de uno en uno, encontrando una mesa en la entrada donde profesionales recibían a las personas y con preguntas clave se determinaría cómo y dónde se les iba a atender. Todo ello comprobando e informando de las medidas de higiene de manos y de protección respiratoria, intentando disminuir la angustia ante esta situación tan surrealista. Se estaba intentando priorizar la atención telefónica para evitar que los vecinos y vecinas tuvieran que salir de casa si no era por un motivo muy justificado.

Cartones de gran tamaño con láminas decorativas dulcificaban los momentos amargos que se estaban viviendo, cartelería realizada por los propios trabajadores del centro ayudaba a señalizar la nueva disposición del edificio. El uso obligado y continuo de medidas de protección, mascarillas y gafas, pantallas para cubrir la cara, trajes impermeables… medidas que se tomaron para intentar evitar que la pandemia avanzase y que aún se deben mantener. Muchos de estos materiales fueron donados por vecinos y vecinas, ya que no había suficiente para abastecernos y los profesionales iban enfermando y agotándose.

También hubo personas del barrio que se organizaron y ayudaron a otras más vulnerables, con comida, recados, llamadas, intentando llevar a cabo una de las acciones más determinantes: quedarse en casa. Una lección de solidaridad que nunca se había visto, demostrando que las redes de ciudadanía sirven y ocupan un lugar vital en nuestra sociedad, intentando llegar donde las instituciones no llegan.

Todo se estaba reorganizando, logrando uno de los objetivos más importantes, con los mismos recursos, incluso menos: atender a todas las personas que lo necesitaban, de manera presencial o telefónica, e incluso cuando había alto riesgo de contagio o posibilidades de tener la infección se les atendía en su domicilio. Pasaban los días y algunos trabajadores iban enfermando, otros se desplazaban a cubrir el “nuevo hospital de IFEMA”, se abrían los centros de salud los fines de semana… y todo con los mismos recursos.

El centro había cambiado: zonas respiratorias delimitadas, las salas de espera del interior prácticamente vacías, con las puertas abiertas de las consultas, y los profesionales de la salud y de administración no dejaban de hablar por teléfono, llegando a realizar más de 600 llamadas diarias. El personal de limpieza aumentaba la higiene y desinfección de todas las superficies de contacto, un esfuerzo enorme por parte de todos.

A la Atención Primaria, siendo la puerta de entrada al sistema sanitario y actuando como una verdadera barrera de contención, una vez más le invadía un sentimiento de menosprecio y abandono, que se acentuaba cuando se presentaban algunas personas en la puerta e indagaban: “¿Cuándo empezáis a trabajar?”, pregunta que desmoronaba los ánimos, cuando se llevaba trabajando por encima de las posibilidades más de tres meses.

Cambiar la forma de trabajar

Las cifras de la infección mejoran, parece que las “curvas” famosas se doblegan, pero no queda otra opción que cambiar la manera de trabajar, manteniendo la máxima calidad de atención como hasta ahora, pero dando prioridad a “evitar el contagio”,  a “diagnosticar de manera precoz los nuevos casos de coronavirus” y a “evitar la acumulación de personas en las salas de espera”, sin olvidar los numerosos problemas y necesidades diferentes al coronavirus que tiene nuestra población.

Por ello, se está transformando la forma de atención, que será posible de dos maneras: presencial y telefónica. Hay muchos procesos que profesionales de la medicina y enfermería pueden resolver de manera telefónica, sabiendo que si fuese necesario acudir al centro de salud esta opción también existe. Si los profesionales sanitarios tienen dudas durante la atención telefónica, indicarán al paciente que acuda al centro. La atención sanitaria no empeora, simplemente se adapta a esta nueva situación.

La pandemia sigue, el coronavirus ha venido para quedarse; mantener las distancias, las mascarillas, la higiene de manos, son medidas clave. Actualmente en nuestro centro de salud se está sacando el trabajo adelante con la mitad de los profesionales médicos, con pocas posibilidades de contratación de nuevos profesionales, ni de relevo para los que llevan trabajando todo el período dando lo mejor de sí mismos.

Desde muchos puntos se mantiene el esfuerzo: a nivel personal, a nivel profesional y a nivel institucional. Solo la colaboración y la integración de estos niveles nos ayudarán a superar esta “nueva realidad”.

CENTRO DE SALUD CARABANCHEL ALTO

Horario del centro: Lunes a viernes de 8:00 a 21:00

Teléfono cita previa: 91 511 57 93

 



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