Recomendaciones dietético-nutricionales para adolescentes (12-15 años)

La adolescencia es esencialmente una época de cambios. Trae consigo grandes variaciones físicas y emocionales, que transforman al niño en adulto. Para lograr esto, el adolescente todavía necesita apoyo: de la familia, la escuela y la sociedad, ya que la adolescencia sigue siendo una fase de aprendizaje.

Durante la adolescencia se producen importantes cambios en la composición corporal con diferencias específicas por sexo, que conllevan una repercusión importante en las necesidades nutricionales. El elevado ritmo de crecimiento y el aumento de la masa muscular conllevan un aumento significativo en las necesidades proteicas, energéticas, así como de otros nutrientes implicados en el metabolismo energético y en los procesos de crecimiento.

En esta etapa la crisis de maduración repercute en los hábitos de consumo alimentario. El común denominador es el cambio físico y emocional de la propia imagen. La opinión de los demás y el pudor, unidos a sentimientos de reafirmación dentro de una duda continua de base, hacen al adolescente extremadamente vulnerable.

Un aspecto importante es la imagen corporal, que se ve influenciada por el prototipo de imagen ideal promovida desde la publicidad y los personajes populares idealizados entre este colectivo.

Características de esta etapa

— El estilo de vida del adolescente le lleva con frecuencia a comer fuera de casa, suprimiendo o restringiendo comidas, especialmente el desayuno, que son reemplazadas muchas veces por pequeñas ingestas entre las comidas principales.

— Picoteo entre las comidas: consumo frecuente de snacks, bebidas azucaradas y refrescos, “calorías vacías”, favoreciendo además problemas como la obesidad, caries dental y malos hábitos alimentarios.

La asistencia frecuente a restaurantes de comida rápida y la disponibilidad de alimentos precocinados en el propio domicilio han contribuido también a cambios en el modelo de dieta, con mayor consumo de grasa total, grasa saturada, colesterol, azúcares y sodio, y un menor consumo de fibra, incluso con déficits de micronutrientes (vitaminas y minerales), alejándose cada vez más de la dieta mediterránea tradicional.

— Con frecuencia comienzan a practicarse en esta época dietas no convencionales: vegetarianas, macrobióticas, de alimentos naturales, dietas restrictivas, etc. Estas dietas pueden provocar estados carenciales poniendo en riesgo la salud del adolescente.

Puede aparecer una preocupación excesiva por la imagen corporal provocada por la presión social y el entorno, que junto con ciertos rasgos como la baja autoestima, perfeccionismo e impulsividad pueden ponerle en riesgo de padecer un trastorno de la conducta alimentaria. La puesta en práctica de dietas restrictivas puede ser un desencadenante de la aparición de dichos trastornos.

— También es frecuente el inicio en el consumo de alcohol y tabaco en esta etapa.

— En casa, el hábito de estar muchas horas ante la televisión y la inactividad física y sedentarismo facilitan asimismo el picoteo. Todo ello colabora al desarrollo de sobrepeso y obesidad.

— Una situación a la que hay que prestar atención son las prácticas deportivas de competición, que necesitarán un ajuste especial en su dieta.

Recomendaciones

— Llevar una dieta variada, equilibrada y suficiente es la mejor garantía para la ingesta correcta de todos los micronutrientes.

— Dar preferencia al consumo de carnes de tipo magro, evitando la grasa visible y la piel de las aves por su alto contenido graso; disminuir el consumo de carnes rojas y fritos.

— Consumir preferiblemente pescado por su menor contenido energético y mejor perfil graso.

— No exceder la ingesta de huevos a más de tres a la semana.

— Comer cinco o más raciones diarias de frutas, verduras y hortalizas.

— Utilizar el agua como bebida durante las comidas y a lo largo del día.

— Limitar el consumo de alimentos como bollería, refrescos, pizzas… y consumirlos ocasionalmente.

Lo que la familia puede hacer

— Ejercer una influencia favorable en la dieta de los adolescentes, con el desarrollo de buenos hábitos alimentarios y patrones de conducta. Promocionar la “dieta mediterránea” con cinco comidas diarias ayudará a evitar consumir alimentos muy calóricos entre horas.

— Realizar alguna de las comidas en familia, compartir padres e hijos este momento y evitar hacer de él una situación de conflicto que interfiera con las relaciones afectivas.

— Hacer participar a los adolescentes en la preparación de la comida junto a la familia; esto supone una estupenda escuela de hábitos positivos.

— Supervisar el tipo de alimentación que siguen los escolares de esta edad para evitar que hagan por su cuenta combinaciones de alimentos poco adecuadas o muy monótonas con la finalidad de adelgazar. Estar atento a manifestaciones acerca de si se ve gordo/a y se obsesiona con la idea de adelgazar, si solo come alimentos bajos en grasa y calorías, pone excusas para no comer en familia, corta la comida en trocitos muy pequeños y los “marea” en el plato, colecciona dietas y mucha información sobre calorías, etc. Esto podría indicar el desarrollo de un trastorno de la conducta alimentaria.

— Estimular una vida activa y que dediquen parte de su ocio a la práctica de algún deporte, intentando que realicen al menos una hora al día de actividad física moderada (caminar ligero o montar en bici) a vigorosa (correr o ir en bicicleta pedaleando rápidamente), pudiéndose alcanzar el tiempo recomendado por períodos más cortos (sumando períodos de al menos diez minutos seguidos cada uno). Además, es conveniente realizar tres días por semana actividades vigorosas y de fortalecimiento muscular.

— Limitar el uso de pantallas (TV, videojuegos y ordenador) a menos de dos horas al día y supervisar su contenido.

Recuerda consultar con tu profesional de Atención Primaria ante cualquier duda.

Referencia bibliográfica



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