¿Cómo es posible que los nuevos polideportivos construidos en los nuevos desarrollos de Madrid (los llamados “PAU”, como el de Carabanchel, Vallecas, Las Tablas, etc.), no dispongan de piscinas de verano al aire libre, como existen en otros lugares de Madrid, cuando precisamente disponían de terreno suficiente para ello?
Hagamos un poco de historia… El 14 de febrero de 2008 el Boletín Oficial del Ayuntamiento de Madrid publicaba la siguiente convocatoria: “Resolución de 8 de febrero de 2008 de la Secretaría General Técnica del Área de Gobierno de la Vicealcaldía por la que se hace pública la convocatoria para la adjudicación por procedimiento abierto mediante concurso del contrato de gestión de servicios públicos, modalidad de concesión, n º 180/2007/03213, denominado Gestión del Centro Deportivo Municipal Francisco Fernández Ochoa”.
En 2003 Alberto Ruiz Gallardón accedía a la alcaldía de Madrid tras la celebración de las elecciones municipales. A partir de ese momento, muchas cosas cambiaron (a peor) en la capital. Entre ellas, la gestión de algunos servicios públicos, que hasta ese momento eran gestionados directamente por el propio Ayuntamiento, y que a partir de entonces se ceden a empresas privadas lucrativas, como ocurrió con los Centros Deportivos Municipales (CDM), conocidos como “polideportivos”. Para que la gestión de estas instalaciones fuera atractiva para las empresas, se primaron los equipamientos que tuvieran la mayor rentabilidad económica posible, en detrimento de otras actividades, que son beneficiosas socialmente pero que generan menos beneficio, y de cuyos equipamientos se prescinde, o a veces se cierran por supuestas averías.
Ya en 2004 el Ayuntamiento presentó “Los planes especiales de Inversión y Actuación Territorial 2004-2008”, lo que para el distrito de Carabanchel incluía la construcción de:
— Polideportivo en el nuevo PAU de Carabanchel.
— Polideportivo en el Parque de las Cruces: sin perjuicio de que el terreno pertenezca a Latina o Carabanchel.
Dichas instalaciones se diseñaron sin piscinas de verano, por el modo de gestión que ya se tenía decidido; las piscinas de verano solo están abiertas durante cuatro meses al año, y al no tener actividad en los otros ocho meses, no generan ingresos. El espacio que ocupan resulta más rentable para la empresa que lo gestiona si se dedica a otro tipo de equipamientos, como pueden ser gimnasios o pistas de pádel, que sí producen beneficios durante todo el año.
Desde aquel año de 2003, la gestión de todos los polideportivos municipales que se han construido en Madrid se ha cedido a empresas privadas, y “casualmente” ninguno dispone de piscina de verano.
Esta decisión ideológica, mantenida por los últimos Gobiernos municipales, que prima el beneficio empresarial por encima del bienestar ciudadano, está perjudicando gravemente la salud de las vecinas y vecinos, al no disponer de un refugio climático para las cada vez más largas y sofocantes olas de calor que padecemos en los veranos madrileños.
Madrid se ha convertido en una de las ciudades que menos oferta tiene de plazas en piscinas de verano por habitante. En concreto, solo hay 24 piscinas para una población de unos 3,5 millones de habitantes, es decir, una piscina por cada 144.000 habitantes (en Carabanchel, 1 para 274.000). Si tenemos en cuenta las plazas disponibles, solo uno de cada cien madrileños puede utilizar una piscina municipal en verano. Ésa es la realidad que esconde el deterioro de los servicios públicos cuando su gestión se pone en manos de empresas lucrativas.



