Gloriosa noche de rock & roll en la Gruta

El Mario Cobo Trío y The Bank Robbers se despidieron de la ya casi mítica sala en una velada disfrutona

Gloriosa noche de rock & roll el viernes 18 en la Gruta77, templo de las músicas alternativas, en la que según se acerca la fecha de su cierre todos los conciertos van teniendo sabor a despedida. No nos pongamos tristes demasiado pronto: aún quedan noches para festejar como se merece un lugar en el que hemos pasado tan buenos ratos.

Abrió escenario el gran Mario Cobo, sin duda una de las mejores guitarras rocanroleras del Estado español y figura de referencia en la escena. El barcelonés, estupendamente acompañado por los almerienses Pepe Lee al contrabajo y David Collado a la batería, nos dio un concierto disfrutón a tope, con el abanico estilístico amplio que le caracteriza: del surf al rock & roll, del rockabilly al country, del blues a la ranchera y mucho más, todo ello aderezado con su personalísimo estilo a la guitarra. Visitó temas de toda su carrera, con un repasete especial a la discografía de Nu Niles, y también algunas versiones muy guapas.

Cerraron el cartel The Bank Robbers, cuarteto de forajidos que es en realidad un supergrupo del rocanrol madrileño, con tipos con tantas tablas e historial delictivo como Marcos Sendarrubias (voz, guitarra rítmica y maracas), Isaac González (guitarra solista), Álvaro Gómez (contrabajo) y Ángel Collado (batería). Suenan como un cañón, tocan todos los palos del espectro rocanrolero y salen con una energía que se contagia de inmediato y hace menear el culo a todo quisque presente en sus bolos. Tanta energía que fueron rompiendo a lo largo del concierto dos bandoleras de guitarra y el puente del contrabajo, pero supieron sobreponerse a estos problemillas con gracia, salero y desenvoltura y dieron un tremendo espectaculazo en el que nos lo pasamos dabuten. Mención especial a su guapa presentación escénica, que suma toneladas de aura al conjunto.

Y para terminar por todo lo alto, The Bank Robbers invitaron a subir a sus predecesores y al gran Charlie Hightone, que también andaba por allí, y los ocho juntos se hicieron "Train Kept A-Rollin'" de Johnny Burnette, que devino en "El tren de la costa", su versión en castellano, de Los Sírex, y que puso el broche de oro a velada tan legendaria.


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