HABLANDO DE URBANISMO. Menos fotos, más proyecto

A las primeras lluvias serias, el Parque Lineal Manolito Gafotas volvió a enseñarnos lo que ya sabíamos: si no hay estudio riguroso ni proyecto bien resuelto, el terreno habla. Y habla con charcos, arrastre de materiales y caminos que se desfiguran. La Mesa del Árbol de Carabanchel lo documentó en un artículo reciente que repasa 25 años de abandono, lucha vecinal y una obra pública fallida, poniendo el foco en defectos que afloran nada más estrenarse la intervención. Su lectura es una vacuna contra la autocomplacencia institucional.

El contraste duele porque el parque acababa de reabrirse con una reforma ambiciosa: 4,4 millones de euros, más de 116.000 m² y 2,7 km de longitud, con senderos peatonales y ciclistas, y un refuerzo vegetal significativo. Todo ello, presentado como mejora ambiental y de accesibilidad, además de respuesta a una demanda histórica del barrio. Pocas semanas después, la propia Mesa del Árbol valoró en su blog los resultados sobre el terreno y señaló fallos visibles tras las precipitaciones, que un buen estudio hidrológico y geotécnico debería haber previsto y controlado.

Aquí conviene subrayar la gran labor cívica de entidades como ésta, que no solo denuncian: publican documentación, como la memoria del proyecto de reurbanización, para elevar el nivel del debate y permitir una lectura técnica de las decisiones tomadas. Ese esfuerzo de transparencia y alfabetización urbana es oro para el barrio.

¿Cuál es el fondo del asunto? Falta proyecto —en el sentido fuerte de la palabra— cuando se confunde el diseño con la ingeniería del lugar y el boceto sustituye al cálculo. Sin hidrología, geotecnia y secciones constructivas, el terreno manda y el parque falla.

Un parque lineal junto a una infraestructura viaria exige: modelizar escorrentías, verificar infiltración y jerarquías de drenaje; estabilizar taludes y controlar materiales finos; elegir firmes y capas granulares con compactación certificada; disponer vegetación autóctona para trabajar con el agua; y prever un mantenimiento realista.

Este enfoque encaja con los SUDS (Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible): soluciones que imitan procesos naturales para retener, infiltrar y filtrar el agua en origen —jardines de lluvia, pavimentos permeables, zanjas/cunetas verdes, humedales—, reduciendo escorrentía e inundaciones y mejorando la calidad del agua. Pensar el agua como recurso, no como residuo.

Todo esto no encarece por capricho; abarata a futuro: menos reparaciones, menos desmontes, menos reprocesos.

Un buen estudio previo y un proyecto integral evitan la espiral de “arreglo‑parche‑arreglo” que tantos parques conocen. Y cuando la ciudadanía organizada ofrece datos, fotografías, memorias y seguimiento, lo inteligente es incorporar ese conocimiento al ciclo del proyecto, no ignorarlo.

En conclusión, el Parque Manolito Gafotas no necesita más discursos: necesita estudio y proyecto que respeten la lógica del suelo y del agua. Y necesita, también, escuchar a quienes llevan años cuidando y documentando el territorio. Menos foto, más proyecto.

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