¿De dónde proviene el agua de la fuente de San Isidro?

La pregunta que abre este artículo es, sin duda, una de las que más se han formulado en los últimos días en los aledaños de la ermita de San Isidro. Hace una semana, publicábamos un artículo donde contábamos la relación de San Isidro con Carabanchel. En él, narrábamos cómo Isidro había abierto un manantial en las tierras de su señor, Iván (o Juan) de Vargas ayudado por su aguijada. Un manantial cuyas aguas sanaron al futuro rey Felipe II varios siglos más tarde. Como ya explicamos, en agradecimiento por esta milagrosa sanación, la emperatriz Isabel I de Portugal mandó levantar una fuente y la ermita de San Isidro en el año 1528. 

Pues bien, desde entonces, esta fuente siempre ha brotado agua, si bien solo se abría  al público en domingo y el día 15 de mayo para celebrar la festividad relacionada con el santo. Cabe mencionar que nuestro distrito se caracteriza por la acumulación de aguas subterráneas. De hecho, los primeros asentamientos prerromanos y romanos de Madrid tuvieron lugar en la zona que posteriormente ocuparía el pueblo medieval de Carabanchel, en las inmediaciones de la ermita de La Antigua. ¿Por qué? Porque había multitud de arroyos y de aguas subterráneas fácilmente localizables. Solo por citar algunos de ellos, por nuestro actual distrito transcurrían los arroyos de Butarque, Cárcava, Pavas, Caño Roto, Opañel o Miranda, sin olvidar la cercanía del arroyo de Meaques, que todavía discurre por la Casa de Campo, llenando su lago. 

Al parecer, antes de que la emperatriz construyera la ermita, los labriegos de estas tierras ya acudían a beber el agua de aquel pozo o manantial por sus poderes curativos y medicinales. Pero, ¿de dónde procede el agua actual? Versos de Lope de Vega escritos sobre el frontal de la fuente glosan la portentosa cualidad de las aguas que brotan su caño.

Fuente de San Isidro
Fuente de San Isidro en la actualidad. Cementeriodesanisidro.com 


En el siglo XVI, los jueces apostólicos que estudiaban la beatificación de Isidro comentaron lo siguiente: “En la ermita hay una ventana junto al suelo que fue abierta y se vio que de ella salía agua que corre encima de una fuente existente en el suelo, y que es la fuente de la cual testifican los testigos de la información (…) con su agua fueron sanados y sanan de diversas enfermedades”. 

Según el libro “San Isidro de Madrid, un trabajador universal”, de Tomás Puñal y José María Sánchez Molledo, “el agua de la fuente procede de un manantial que nace en pleno cementerio de San Isidro y que es conducida a través de un viaje subterráneo de origen medieval hasta la fuente”. Por su parte, según se cuenta en el blog Arte en Madrid, esta via de agua (que algunas fuentes datan ya en 1407) nacía en Carabanchel Bajo, y discurría paralelo al Arroyo de San Dámaso o de Caño Roto hasta llegar a la fuente del Puente de Toledo. La mina tenía unos 2,5 kilómetros de longitud. 

Según esta web, el curso del antiguo arroyo, que fluía junto al viaje de agua, permanece enterrado, convertido en un colector del alcantarillado de Madrid, bajo la calle del Arroyo de Valdecelada, que discurre junto al parque de San Isidro.  El arroyo y el viaje de agua llegaban, como decíamos, a las huertas de San Dámaso, situadas en el puente de Toledo , donde nacía la carretera de Toledo (hoy Antonio Leyva). 

Fuente de San Isidro. https://www.avocesdecarabanchel.es/entrevistas/restaurante-marrovi-mas-50-anos-sirviendo-comida-casera-barrio

Fuente de San Isidro (1936). "Carabanchel un siglo de imágenes (1860-1960)" de José Sánchez Molledo. Restaurada por Alicia Álvarez Donate y Sonia Dorado Martín.


Cuando se construye el cementerio de San Isidro (1811), se empiezan a regar sus jardines con las aguas de este manantial, según se recoge en el Reglamento para la distribución de aguas publicado en 1872. “El agua se extrae y se eleva con una máquina situada frente a al ermita del patrón”, señalan.  Los expertos de Arte en Madrid, localizaron esta galería durante las obras de la M30 y se colaron en ella, pudiendo realizar fotos de todo el recorrido y demostrando que todavía seguía captando agua. Podéis disfrutar de su magnífico reportaje fotográfico en este enlace. En la misma web, incluyen otro reportaje de 2011 donde también hablan de este viaje de agua e incluyen fotos de algunos de los pozos que todavía existen dentro del cementerio de San Isidro. Podéis verlo aquí.

En 1995, una filtración contaminante obligó a cerrar la fuente. El Ayuntamiento instaló una depuradora para depurar el agua del manantial. Desde entonces, el agua es potable y pasa todas las revisiones municipales. He de decir que solo bebí agua una vez antes de este año. Fue en 2006. Acudí a la Pradera de San Isidro con una amiga que vivía en la zona y me mostró la fuente. Hicimos la cola y bebí el agua. Recuerdo aquel agua con un sabor áspero, amargo, muy diferente al que sale por nuestros grifos. Y es que, como mucha gente recuerda, ese era el sabor típico de este agua, no el que ahora discurre por su caño.

Para saber qué ha ocurrido hemos hablado con la Archicofradía Sacramental de San Pedro, San Isidro y San Andrés, custodia del lugar, que asegura que el agua de la fuente procede de su manantial original. “Hace unos años acondicionamos este viaje de agua para potenciar su caudal y poder así abrir la fuente a diario”, reconocen. De hecho, desde el pasado mes de octubre, la fuente abre de lunes a domingo de 9 a 15 horas.

Asimismo, señalan que el agua pasa un riguroso control sanitario para asegurar su potabilidad. Y reiteran que el manantial procede de las conocidas como terrazas del Manzanares, la zona arqueológica ubicada en torno a las antiguas riberas del río a su paso por la ciudad.

Sin embargo, algún que otro vecino del barrio (y hasta algún aguador) asegura que han conectado la fuente a la red de agua pública de Madrid. Sea como fuere, lo que nadie duda es que el sabor ha cambiado. Los vecinos y vecinas lo han notado, y esto ha dado mucho que hablar. ¿Aguas medicinales, tradición, efecto placebo? Sea como fuere, este año, como siempre, miles de personas han acudido con botellas y garrafas para recoger su dosis anual del agua milagrosa del santo. Pero, ¿nos han dado gato por liebre?

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