Isabel Zendal, la primera enfermera de la historia en misión internacional

 (2ª parte: la expedición) 

El rey de España, Carlos IV, a propuesta del doctor Balmis, su médico personal, sufragó con fondos públicos y puso todos los recursos necesarios a disposición de la expedición con el único objetivo de vacunar de viruela a cuantos se pudiera a lo largo del mundo. Existían precedentes a la propuesta de Balmis, como la de Rafael de Malaguilla, cirujano español, o la de José Felipe Flores, médico guatemalteco. Fueron desechadas por falta de experiencia de los solicitantes.

El principal reto era mantener en condiciones el suero de vacunación, que solo surte efecto mientras estén activos los virus que contiene. Hoy tenemos neveras, pero entonces, para lograr que se conservara tan solo unos diez días, lo que se hacía en Europa era empapar algodón en rama con el fluido, situarlo entre dos placas de vidrio y sellarlo con cera. Cruzar el Atlántico suponía saltarse demasiado la fecha de caducidad, y en América no había vacas con las que se pudiera practicar la variolación. Pero Balmis ya había dado solución a este reto: utilizaría a los 22 niños del hospicio como portadores vivos de la vacuna, y llevaría como cuidadora de ellos a la enfermera Isabel Zendal.

El 30 de noviembre de 1803, la corbeta María Pita zarpaba desde el puerto de La Coruña. A bordo, 37 personas que contribuirían a cambiar la historia de la humanidad. Entre ellas, el médico alicantino Francisco Javier Balmis, el médico leridano José Salvany y la enfermera coruñesa Isabel Zendal, la única mujer de la misión.

Monumento homenaxe expedición Balmis Coruña.

La expedición llegó a Santa Cruz de Tenerife, donde pasó un mes vacunando. Su siguiente parada fue Puerto Rico. Allí no se necesitó vacunar a la población, ya que la vacuna había sido llevada a la isla desde la colonia danesa de Santo Tomás. Posteriormente se llegó a La Habana, quedando sorprendidos al observar que la vacunación contra la viruela ya había sido llevada a cabo gracias a la actividad de Tomás Romay, distinguido médico cubano.

Existía un tráfico clandestino y de contrabando de cristales con el fluido de la viruela, e incluso en zonas como Puerto Rico, Cuba o México otros médicos españoles ya estaban vacunando. Pero el gran mérito de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna fue regular su difusión y su forma de inoculación. Su intención no era solamente vacunar a la población local de ultramar, sino establecer juntas de vacunación en las ciudades visitadas que garantizasen la conservación del fluido, la extensión ordenada por los territorios y la vacunación a las generaciones futuras. Muchos sacerdotes llevaban un registro de los vacunados paralelo al de bautismos. Posteriormente, en 1805, se promulgó una cédula real mandando que en todos los hospitales se destinase una sala para conservar el fluido vacuno.

Balmis, en su momento, también se había preocupado de traducir al español el libro Tratado Práctico e Histórico de la Vacuna, del francés Jacques-Louis Moreau de la Sarthe, en el cual se detallaba el procedimiento para vacunar, y escribió otro titulado Introducción y Conservación de la Vacuna. El barco llevaba instrumental quirúrgico y científico, así como copias de ambos libros, para ser distribuidos por las juntas de vacunación que se fundaran.

La expedición se dividió en La Guaira (Venezuela). El doctor Balmis y la enfermera Isabel Zendal se trasladaron hacia Norteamérica. El doctor Salvany se dirigió hacia Centroamérica y Sudamérica.

El doctor Balmis

Francisco Javier de Balmis y Berenguer nació en Alicante en 1753. Estudió medicina en el Hospital Real Militar de Alicante. Fue cirujano y médico militar español honorario de la corte del rey Carlos IV. Durante un tiempo estuvo trabajando en La Habana y, más tarde, en Ciudad de México. Allí sirvió como primer cirujano en el Hospital de San Juan de Dios. Tuvo la oportunidad de estudiar remedios para enfermedades venéreas (enfermedades de transmisión sexual), que le serviría para publicar más tarde el Tratado de las Virtudes del Agave y la Begonia.

Tras dividirse la expedición, Balmis y Zendal siguieron dirección a México. La vacuna llegó a lugares tan lejanos como California y Texas. En el territorio de México, recogieron 25 huérfanos para que mantuvieran viva la vacuna durante la travesía del océano Pacífico, a bordo del navío Magallanes, rumbo a Filipinas. Partieron del puerto de Acapulco hacia Manila, donde llegaron dos meses después, y organizaron la vacunación de indígenas.

Tiempo después la expedición regresó a México. Excepto el doctor Balmis, quien conociendo que la vacuna no había alcanzado China solicitó permiso para marchar hacia Macao. Y desde esta colonia portuguesa se adentró en territorio chino vacunando a la población de varias ciudades hasta llegar a la provincia de Cantón. En su camino de vuelta a España, Balmis convenció a las autoridades británicas y vacunó a la población de la isla de Santa Elena.

(Continuará…)


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