Vivencias de unos carabancheleros en la Acampada de Sol por el derecho a la vivienda

El desahucio de Maricarmen, mujer de 87 años y con discapacidad, hizo que se precipitaran los acontecimientos. En la manifestación de protesta por lo sucedido convocada por el Sindicato de Inquilinas el sábado siguiente miles de personas llenan las calles. La indignación por lo sucedido es tal que no se aguanta más y se decide acampar en la Puerta del Sol. En esa acampada se ha producido un proceso de autoorgaanización digno de estudio y que es inspirador. Como hace 15 años, cuando se acampó en la misma Puerta del Sol durante el 15M, vecinas y vecinos de Carabanchel hemos participado, aprendido y aportado nuestro granito de arena a lo que sucede en la céntrica plaza.

Personas que no nos conocíamos hemos sido rápidamente capaces no solo de convivir y cooperar, sino también de ayudarnos y cuidarnos mutuamente, lo cual creemos que es significativo. De esa forma es como se ha podido sostener la protesta. También está siendo fundamental la enorme riada de solidaridad que se está recibiendo, no solo anímica y de apoyo moral, sino también material y concreta por parte de vecinos y vecinas de la zona y de otros lugares. Son muchas las iniciativas en ese sentido. Tal es el caso que, por ejemplo, hubo que hacer un llamamiento a que la gente dejara de traer comida a la acampada porque ya no se podía gestionar y almacenar todo lo que llegaba. Igual ha sucedido con otros productos e insumos: la ciudadanía ha respondido con mucha generosidad y empatizando como una forma de mostrar su apoyo y simpatía por la causa demandada. Eso ha sido fundamental, por eso ni la lluvia ni el resto de dificultades son capaces de doblegar a las personas cuando están decididas y creen en la justicia de lo que están haciendo.

Esta acampada y las que se están dando por todo el país no se puede entender sin el enorme problema social que existe en torno a la vivienda. El acceso a la vivienda, pese a ser un derecho constitucional y una necesidad vital, es cada vez más difícil. El aumento constante del precio de los alquileres y de la compra genera un drama social y personal enorme. Imposibilidad de independizarse para las personas más jóvenes (con el importante impacto humano y demográfico que eso conlleva), pobreza al tener que dedicar cada vez más renta al pago del alquiler, desahucios, problemas de salud física y mental, sinhogarismo, etc. Recordemos que en nuestro país se producen cada día nada menos que 45 desahucios. Detrás de esta cifra hay personas y familias destrozadas, es un auténtico drama y un fracaso colectivo injustificable. Es debido a esta situación espantosa e insostenible que en la demanda de la acampada y de la mayoría de la sociedad está la exigencia de una legislación que en lugar de estar orientada para maximizar y acrecentar aún más los beneficios de los rentistas legisle para garantizar el derecho a la vivienda, haciendo real este derecho y permitiéndonos tener un horizonte de vida esperanzador e ilusionante sin la amenaza constante de ser desahuciados.


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