Los ecos de que Carabanchel está de moda resuenan en actividades que se presentan como reivindicativas y alternativas. El Ayuntamiento ha sabido elegir su estrategia de forma muy adecuada para sus intereses: poner la etiqueta de arte y cultura a muchas de sus intervenciones, y con eso… ¿quién se atreve a decir que no? Tal vez el problema es que la cultura se está usando como medio, no como fin; es decir, la cultura no está sirviendo para disfrutarla y participar en ella, ni para crear una forma de comunicación vecinal, sino para lucrarse. Por eso no va de la mano de la educación pública que la fortalece, no es para todas ni todos, sino que está condicionada a la ganancia de las empresas que la llevan por careta.
Las asociaciones de familias de los colegios públicos de Carabanchel estamos preocupadas por las condiciones de habitabilidad de los centros que los hacen más seguros y garantizan el correcto acceso a la educación. Las altas temperaturas registradas desde hace años desde la primavera y hasta bien entrado el otoño están causando graves problemas de salubridad. Son muy pocos los espacios laborales en los que hoy en día se trabaja sin climatización en verano, pero supuestamente tenemos que aceptar que los colegios públicos puedan seguir desarrollando su actividad sin ninguna adaptación.
La falta de transparencia en la toma de decisiones y la forma de comunicación llena de malestar a muchas familias y trabajadoras/es, por ejemplo la ampliación de líneas en centros ya suficientemente saturados y con graves deficiencias en sus instalaciones. Así, en el CEIP Lope de Vega se aumentará a tres las clases de Educación Infantil de 3 años en el curso 2026/2027, obligando a que algunos menores, tal vez del curso de 4 años, ya no tengan un aseo adaptado a sus necesidades. Tampoco se garantizará el poder realizar la siesta por tener que ocupar para labores docentes el aula que actualmente se dedicaba a este fin.
El CEIP Lope de Vega lleva años pidiendo un gimnasio adecuado, un servicio de enfermería fijo y la adaptación climática, además de la continua lucha por un acceso al centro seguro, pues los coches invaden la zona de preferencia peatonal en los momentos de entradas y salidas. En vez de realizar mejoras en las infraestructuras el centro tendrá que acoger a menores de 3 años en aulas no adaptadas y la Educación Infantil tendrá que ocupar espacios normalmente reservados a las actividades de Primaria.
En el CEIP Perú también cristalizan de forma evidente las políticas de la asfixia a la educación pública. Este centro convive a escasos 20 metros, desde hace tres años, con la macroobra de ampliación de la línea 11 de metro. Es decir, sus más de 600 escolares acuden a clase a diario con el ruido, polvo y contaminación que emana de la obra. Esto, junto con el aumento de temperaturas y la escasez de sombras tras la tala masiva de árboles para la realización de estos trabajos, ha llevado a una alteración muy perjudicial en las rutinas escolares sin apenas ofrecer alternativas. En este contexto, urge resolver la climatización en las aulas, un asunto que se debería responder desde la voluntad de una buena acción política, como ya tenemos ejemplos en ciudades donde se ha resuelto desde la iniciativa municipal. Acceder a una educación pública en condiciones de salud es una cuestión de derechos humanos. Nos encontramos en un escenario en el que las familias apuestan por la escuela pública, pero se dan de bruces con una Administración que no adecúa las instalaciones ni ofrece los recursos necesarios.
De esta forma dos colegios públicos del Distrito han presentado en los últimos presupuestos participativos planes para la mejora de la eficiencia energética, algo que se tendría que hacer como una actuación prioritaria en todos los centros educativos públicos desde los presupuestos generales del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid.
En los presupuestos participativos de años anteriores se habían aprobado mejoras para la renaturalización de los patios de los centros educativos, lo que conlleva una mejora en el bienestar climático de los exteriores que favorecería la realización de actividades en los mismos. Han sido propuestas que con diversos modelos se han presentado en varios centros educativos públicos. Una vez aprobados esos proyectos y antes de llevarlos a cabo, el Ayuntamiento modifica alegando razones técnicas los planes que pueden tardar años en realizarse. Por ejemplo, habiendo presentado el CEIP Concepción Arenal una propuesta de plantación de árboles e instalación de toldos en los presupuestos participativos de 2025, el Ayuntamiento ha modificado el plan y renovará pavimentos, mejorará drenajes y colocará césped artificial además de bancos, no sabemos si al sol. Todavía no se han comenzado las actuaciones en este centro y se desconoce en qué favorece los valores educativos, culturales o artísticos del Distrito en el ámbito público.
Hace unas semanas tuvo lugar el I Foro Sueña Carabanchel. Arquitectura, Cultura y Espacio Urbano, organizado por el Ayuntamiento y Distrito 11, es decir, la firma que usa el Ayuntamiento como estrategia cultural y artística pero que no incluye la educación pública del barrio entre sus pilares. En el programa del encuentro no aparece ni uno de los temas que se piden en los presupuestos participativos vinculados con el barrio, siendo estos presupuestos un escaparate directo de las preocupaciones de la ciudadanía más activa del Distrito. De hecho, fue un encuentro al que las asociaciones fueron invitadas una vez ya estaba organizado, es decir, para que fueran a escuchar, dando muestra de una relación muy paternalista con las mismas. Los participantes fueron principalmente grandes inversores (la parte lucrativa) y docentes universitarios que se presentan como filiados, no al barrio, sino a sus respectivas instituciones educativas (la parte cultural-educativa).
En los últimos 7 años Carabanchel ha aumentado un 10% su población, situándose en la actualidad en casi 280.000 habitantes. Pero ni el Ayuntamiento ni ningún ente público está invirtiendo en otros grupos de edad, ni en los mayores afectados de primer orden por las altas temperaturas que no encuentran acceso a lugares climatizados de forma adecuada, a no ser que vayan a las galerías de arte que, no olvidemos, son espacios de consumo. Recordemos que la nueva biblioteca pública, Victoria Prego, situada en Carabanchel Alto, sigue sin estar abierta, demorando la utilización de un espacio aparentemente ya concluido pero que continúa sin dar servicio. El ayuntamiento de Las Rozas, con mucho menos de la mitad de habitantes que nuestro distrito, gestiona cuatro piscinas de verano; en Carabanchel nos tenemos que conformar con dos centros públicos: una piscina municipal y una pequeña de la Comunidad. La situación de los barrios limítrofes con instalaciones totalmente saturadas no es mucho mejor. Las imágenes de vecinas y vecinos, muchos menores, bañándose en las fuentes de Madrid Río pueden causar malestar y preocupación, pero… ¿tienen una alternativa para soportar las temperaturas durante casi un tercio del año?
Esperemos que en el próximo foro de arquitectura de Carabanchel no haya que soñar para poder habitar los espacios que más atención merecen.



