OPINIÓN: CASTROCHAVISMO VS. CASTAÑOURIBISMO, DOS IDEOLOGIAS EN PUGNA EN AMERICA LATINA (.)

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Por América Latina camina un fantasma con pasos agigantados: el Castrochavismo.
En nuestros países, según los “expertos”, en la región nunca hubo saqueo de los recursos
naturales, imposiciones de ideologías extrañas y derrotistas. Jamás se ha practicado el
terrorismo económico, político y cultural. Nunca.

 
Desde la promulgación de la doctrina Monroe, América para los Americanos, todo ha sido un
remanso de paz y felicidad. Las grandes masas han permanecido impasibles, ajenas a los
acontecimientos y cotidianidades diarias. Si alguna vez han osado protestar por algunos
desmanes, o elegido a algún gobierno iluso para crear una visión de país, ahí ha estado
presente, grande, impasible y con garrote en mano, el fantasma del comunismo; sí sí, ese
mismo que quemaba iglesias, se comía a los recién nacidos, mataba a los ancianos, separaba a
las familias, violaba a las monjas, asesinaba a los curas y desalojaba de todo tipo de
pertenencias, incluso personales, a toda la población.
Pero ocurrió que el comunismo, o a esa política soviética que llamaban comunismo, cayó.
Quedaron los chinos, pero los chinos adoptaron desde la década de los sesentas del siglo
pasado un plan económico bastante parecido al modelo capitalista. Entonces vino la confusión.
El gran enemigo que logró mantener la paz de los pueblos del sur y del mundo entero
desapareció. Había que inventar otro. En América Latina el nuevo monstruo se llamó Fidel
Castro. El monstruo asustó tanto que los patrones del norte apuntaron todas sus baterías hacia
su patio trasero: asesinatos de presidentes sospechosos de castrismo, movimientos sociales
susceptibles de castrismo, sindicatos proclives a la contaminación castrista, universidades
dispuestas a seguir el ejemplo castristas, movimientos campesinos seguidistas del castrismo.
Entonces ocurrió el desastre: apareció en escena Hugo Chávez. Y el castrismo encontró su
complemento.
El expresidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez denominó Castrochavismo al nuevo enemigo
de la paz continental. Tan potente, que Barak Obama, presidente de los Estados Unidos,
consideró al eje La Habana-Caracas como amenaza para la paz y supervivencia de los Estados
Unidos de América. Y el Castrochavismo, por obra y gracia de la supremacía mundial y la
manipulación de los medios de comunicación, se convirtió en el origen de todos los males que
padece nuestra región desde sus orígenes.
Es cierto que Hugo Chávez se convirtió en uno de los alumnos más aventajados de la ideología
socialista en América Latina. Pero no solo él, y de allí la alarma generada por el sistema
neoliberal de todo el planeta: Rafael Correa en Ecuador, Lula Da Silva en Brasil, Evo Morales en
Bolivia, los Kitchner en Argentina, Mugica en Uruguay, Ortega en Nicaragua, Manuel Selaya en
Honduras y otros tantos que iban, y van, al relevo de esta generación hija de la dignidad, la
valentía y la certeza de que los amos del norte no son invencibles.
La ofensiva militar, política, cultural, comunicacional, chantajista, corrupta y criminal hizo
mella en casi todos los países que llegaron a ostentar por mandato de sus pueblos gobiernos
progresistas. Y cayeron. Sus gobernantes fueron criminalizados y hoy están presos o esperan
sentencias de tribunales gobiernistas. El Castrochavismo resultó ileso.
Cuba y Venezuela, ubicados en las narices del imperio, jamás claudicaron. Sufren embargos
económicos criminales, sanciones sociales, políticas, humanitarias, pero ahí están. Sufren física
hambre. En sus hospitales no hay medicinas, en los supermercados no hay alimentos, sus
dirigentes no pueden moverse libremente por el mundo porque les han cancelado sus visas y
sus cuentas bancarias. Los diplomáticos no pueden hablar con los gobiernos vecinos porque,
en el caso de Venezuela, no son reconocidos. Reconocen a los voceros de un títere de los
americanos.
No tienen capacidad de financiarse sus propias necesidades y sin embargo, ahí están: casi
tumban al traidor Lenin Moreno en Ecuador y lo tienen en la cuerda floja, financian a los
desertores de las FARC, a los guerrilleros del ELN y a los movimientos sindicales, estudiantiles,
campesinos e indígenas en Colombia; han dirigido y financiado el movimiento contra el
hambre en Argentina, están detrás de la ruptura política en Perú, lideran el triunfo de Evo
Morales en Bolivia, patrocinan y orientan ideológicamente al Frente Amplio de Uruguay, es el
origen del hambre en Haiti, manipula a los indígenas en Ecuador, alimenta las hordas
criminales en Brasil y, lo que faltaba: el presidente de Chile, Sebastián Piñeira se acaba de
enterar que el castrochavismo ha infiltrado el movimiento minero, de salud, de educación y de
vivienda en su país y que el alzamiento popular contra la miseria del pueblo Mapuche y la
sociedad chilena es una obra maestra del Castrochavismo encarnado en Nicolás Maduro y Elías
Canet.
¿Y si no existiera el Castrochavismo? En Colombia, se hizo un gran tratado de paz con las FARC,
pero jamás aceptarían un acuerdo con el Ejército de Liberación Nacional, ELN, porque
entonces desaparecería el pretexto para el fabuloso gasto militar y las políticas represivas a
través de grupos paramilitares que actúan en Colombia con total impunidad. Si hacen la paz
con el ELN tendrían que inventarse otras FARC, y parece que ya lo consiguieron. La disidencia
de esta organización armada no es producto del financiamiento de Venezuela ni el afán de
colonización ideológica de Nicolás Maduro y Elías Canet: es producto del incumplimiento del
actual gobierno con los tratados de La Habana. El alzamiento popular en Ecuador, Argentina y
Chile hace parte del hartazgo de los pueblos a sus políticas neoliberales y el triunfo de Evo en
Bolivia el reconocimiento a una política descolonizadora que ha devuelto al país el orgullo
ancestral junto a una reconocida paz social.
El nuevo fantasma que recorre América Latina, el Castrochavismo, tal como lo ha bautizado el
CASTAÑOURIBISMO, no tiene la mínima capacidad de injerencia económica en otros lugares
distintos a sus propias necesidades domésticas. La banca mundial tiene bloqueadas todas sus
fuentes de financiamiento. Les ha embargado todos los activos financieros y sus diplomáticos
no pueden hacer política en otros lugares que no sea sus propios territorios. Así que no son
culpables del hambre en Argentina, de la privatización de la educación y la salud en Chile, del
alza de los combustibles en Ecuador, de la quema de la Amazonia por las mafias de Jair
Bolsonaro, como tampoco son culpables de influenciar al presidente Iván Duque de Colombia
para que objete los principales acuerdos de paz de La Habana y ponga en fuga a varios de sus
miembros por el temor que les genera el destrozo de esos acuerdos que prometió el
CASTAÑOURIBISNO y que se están cumpliendo al pie de la letra, empezando porque ya se
acerca al medio millar de excombatientes de las FARC asesinados después de la firma de los
acuerdos.
Ahora, lo que sí es verdad es la fortaleza de las ideas castristas y bolivarianas, martianas
chavistas, guevaristas y maduristas que tienen que ver con la soberanía de los pueblos, la
soberanía nacional, la soberanía económica, la soberanía energética, la soberanía alimentaria y
la identidad cultural y unidad nacional.
Y el Castañouribismo representa todo lo contrario y se cimenta en la más abrupta violencia
contra las comunidades que han visto criminalizadas sus más esenciales necesidades. Estas dos
formas de pensamiento, antagónicas e irreconocibles, son las que compiten hoy en
Latinoamérica. La Castrochavista va calando poco a poco en las masas populares,
sistemáticamente y con conciencia social. La ideología Castañouribista utiliza las formas más
violentas de intimidación para abrirse paso no solo a nivel colombiano sino en toda la
subregión.
Carlos Castaño Gil, fue uno de los terroristas más grandes de América Latina cuya fuente de
inspiración era la ideología de Álvaro Uribe Vélez: un hacendado con tintes fundamentalistas
medievales quien basaba, y basa aún, el poder, en la propiedad de la tierra, defendida por
ejércitos privados, disputándole de esta manera el monopolio del poder a los gobiernos de
turno. Carlos Castaño fue el máximo comandante de las AUC, Autodefensas Unidas de
Colombia, que con más de 30 mil hombres en armas al margen de la ley, sembraron y
siembran el terror en campos y ciudades de Colombia. Estos combatientes ilegales, apoyados
por el ejército nacional, con sierra en mano, con fusilamientos a mansalva, masacraron a miles
y miles de colombianos sospechosos de apoyar a las guerrillas armadas donde los líderes
sociales son los blancos a batir.
Cuando Álvaro Uribe se hizo con la presidencia de Colombia, los Castaño se sintieron también
en el poder y tenían el proyecto común de fundar las primeras guerrillas de derecha de
América Latina extendibles a todo el continente para luchar contra el Castrochavismo que en
la primera década del siglo prácticamente se tomó el poder en toda la región. Hoy en día, el
neonazi Jair Bolsonaro, que llegó a la presidencia del Brasil prometiendo un genocidio
ideológico, ha empezado a poner en práctica el Castañouribismo inaugurando las primeras
escuelas cívico militares de derechas al estilo Uribe Vélez con los grupos paramilitares que en
su época les llamó las Convivir.
El fantasma del Castrochavismo seguirá rondando las calles y los campos de Latinoamérica si la
doctrina monroísta contúa y el Castañourismo se latinoamericaza con total impinidad. La
izquierda volverá, y está vez, con la experiencia histórica de las dos últimas décadas, sabrán
cambiar el destino de millones y millones de seres humanos que hoy viven bajo el límite la
pobreza absoluta.
Arturo prado Lima

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