Frente a un mundo en el que cada vez nos cuesta más tener una vivienda

La clase trabajadora de Carabanchel se organiza y lucha

Vivimos en un momento en el que cada vez nos cuesta más vivir. Cada día nos pesan más los pies cuando salimos del metro, cuando miramos el ticket de la compra, cuando vemos que cada mes son más las vecinas a los que el mercado expulsa, cuando la policía ha vuelto a acordonar nuestra calle de madrugada para seguir dejando casas vacías y familias en la calle.

En pocos años, se han doblado los precios del alquiler, los bajos se han llenado de apartamentos turísticos, cada vez son más los vecinos que tienen a inversores como caseros y las familias que les toca vivir entre las cuatro paredes de una habitación. Paralelamente, el Estado destina cada vez más dinero a seguir sosteniendo el negocio de la vivienda: dispositivos policiales más amplios para vaciar las viviendas, transferencias directas a rentistas y mayores exenciones fiscales.

Lejos de lo que se suele decir, los Gobiernos sí están haciendo algo por la vivienda, pero lo que hacen es seguir favoreciendo a los culpables de nuestra miseria, al mismo tiempo que extienden narrativas que intentan dividirnos culpando a quienes acaban de llegar. Intentan responsabilizar a la propia clase trabajadora migrante de un sistema que hace que quienes viven a nuestra costa cada vez tengan más y más.

Por suerte, en nuestras calles no solo crecen los precios, también lo hacen las ganas de plantarles cara y decirles que ni van a seguir viviendo a nuestra costa, ni sus representantes políticos nos van a tomar el pelo.

Lo que vemos cada semana es que la clase trabajadora del barrio es cada vez más capaz de organizarse, como demostraron las más de 200 personas que impidieron que SAREB desahuciase a seis familias en la calle María Guerrero este noviembre. Como pudimos demostrar en las Fiestas de San Isidro, donde ni Ayuso ni Almeida pudieron censurar a quienes denunciamos que están vaciando y vendiendo la vivienda pública de San Isidro. También lo demostramos cuando construimos amplias cajas de resistencia para hacer frente a la represión que el Gobierno de Sánchez impulsa bajo cuerda contra quienes luchan contra esta barbarie. Lo demostramos cuando cada semana somos más las que decidimos luchar por lo nuestro y nos organizamos en el Sindicato de Vivienda de Carabanchel.

Más de una década luchando por la vivienda, bajo Gobiernos de los unos y los otros, nos ha esculpido la convicción de que solo nos tenemos a nosotros mismos. De que la única solución va a pasar por que nosotros, los condenados a trabajar o morir, que somos muchos más que quienes viven a nuestra costa, nos organicemos y hagamos valer nuestro número.

En un mundo en el que tenemos las capacidades y condiciones materiales de sobra para que nadie tenga que verse durmiendo en la calle, lo único que nos separa de que nuestra clase conquiste la tranquilidad de tener un techo donde vivir es la voluntad de rentistas y capitalistas de hacer negocio con nuestra vivienda. Un negocio que nos condena a vivir con cada vez menos, hacinados y en condiciones insalubres que ellos jamás asumirían.

Por eso, desde Carabanchel, le declaramos la guerra a su negocio y a todo el sistema capitalista bajo el que opera.

Es importante que seamos capaces de levantar la mirada y ver que en nuestro barrio existen estos ejemplos de que si nos organizamos podemos conseguir doblarle la mano al más grande de los caseros, resistir a los intentos del Estado de que nadie se organice contra esta barbarie y volver a creer en la fuerza que organizadas podemos llegar a tener.

Dejemos de sostener este mundo que cada vez pesa más sobre nuestros hombros ya cargados. Es el momento de luchar por una vivienda universal, gratuita y de calidad.


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