Europa apoya a gobiernos africanos corruptos

“La Unión Europea negocia con muchos gobiernos africanos corruptos”, según Amadou Kebe

  • La corrupción en paises africanos
  • Amadou Kebe, exfutbolista, trabaja como voluntario de Cáritas en Tánger (Marruecos)
  • “Ningún ser humano se merece que después de andar 4.000 kilómetros, poniendo en peligro sus vidas, encuentre cerrada la puerta de Europa”. La reflexión es de Amadou Kebe, un joven senegalés que, tras jugar profesionalmente al fútbol en distintas ligas europeas, recaló en Tánger, donde conoció la realidad de los migrantes. “He decidido dedicar mi vida a esto”, asegura. 
Amadou Kebe es un exfutbolista senegalés de 31 años que tras su paso por los campos de juego en la élite del deporte más practicado del mundo decidió dedicar su vida a los demás.

El joven vivió el sueño que cualquier niño de su país siempre hubiera deseado: convertirse en jugador de fútbol profesional. Un sueño que muchos chicos no podían hacer realidad en un país con más de 12 millones de habitantes, invadido por las desigualdades y graves problemas sociales. El 56% de los senegaleses vive en estado de pobreza, una situación que afecta, fundamentalmente, a las poblaciones rurales.

Amadou fue seleccionado para ingresar en una escuela de alto rendimiento para futbolistas en Dakar, y a los 15 años viajó a Noruega para seguir formándose como jugador. En el país nórdico, acabaría firmando por un club profesional.

Tras pasar por distintas ligas de países de Europa, a los 21 años ficha por un equipo de la segunda división de Marruecos, en Agadir, donde su carrera alcanza su máximo apogeo. Y es en Tánger cuando  conoce la realidad de la inmigración, lo que hace que su vida dé un giro de 360 grados. Deja el fútbol para dedicar su vida a luchar por los derechos de las personas que intentan buscar un futuro mejor. Hoy día trabaja para el colectivo de migrantes africanos a través de la ONG diocesana Cáritas en Tánger.

 

¿Cómo un reconocido futbolista deja el deporte que ama para dedicar su tiempo a los demás?

Llegar a Tánger y conocer el sufrimiento de muchas personas que estaban intentando pasar a Europa me cambió totalmente la visión que tenía sobre esta terrible realidad. Entender la vida de los emigrantes en Marruecos, atrapados en un país en el que solo están de paso, me afectó enormemente. No es la vida que todo el mundo desea tener. Desde entonces mi vida está dedicada a ayudar a las personas que están pasando miseria y necesidad. Es a través de Cáritas y el obispado de Tánger donde empiezo a desarrollar mi labor social. Ellos me ofrecieron la oportunidad de estar en primera línea para ayudar y desde entonces me siento muy feliz. Estoy aprendiendo mucho sobre la problemática de los migrantes gracias a la formación que recibo de la organización. He decidido dedicar mi vida a eso y estoy muy feliz haciéndolo.

¿Cuál es la visión global de la inmigración para una persona que ha cruzado “al otro lado” con los papeles en regla?

Pues es un poco complicado analizar el verdadero problema sobre esto. Creo que los países desarrollados, en vez de combatir que las personas lleguen a sus fronteras para buscar una vida mejor gastando dinero inútil en blindar sus países -el hambre no conoce de barreras- deberían ser más compresivos y destinar los recursos en los países de origen. Ningún ser humano se merece que después de andar 4.000 kilómetros, poniendo en peligro sus vidas, encuentre cerrada la puerta de Europa. Es como ahogarse en la orilla. La Unión Europea debería de hacer más esfuerzos para el desarrollo de los países de origen, ya que sus intereses económicos dependen muchísimo de sus recursos naturales. Sin embargo, negocia directamente con los gobiernos corruptos de muchos estados africanos, lo que no repercute al pueblo. Tienen que negarse a comerciar con dictadores que no hacen nada para ayudar a los pueblos a los que representan. Pero eso es como pedirle peras al olmo.

Si Occidente decidiera ayudar al desarrollo poniendo en valor la gestión propia de los recursos de estos países, ¿podrían caminar por sí solos?

Esto dependerá de la capacidad de obrar de los gobiernos en África, porque allí la corrupción está generalizada. Cada gobierno trabaja para el bienestar de su propia familia y de los allegados que los mantienen en el poder. Y los que se atreven a denunciar las corruptelas son perseguidos y obligados a marcharse o, en casos extremos, acaban encarcelados. La gente allí sufre mucho la corrupción. Las ayudas de la Unión Europea no llegan a la población. De hecho, en el ámbito rural las personas sufren una pobreza extrema, pero ése no es un problema que quieran arreglar las instituciones. Hay que estar allí para vivir ese sufrimiento. Por eso, la gente da el paso de salir de su tierra, porque no tienen nada.

La reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana ha venido a legalizar las expulsiones a pie de frontera de los migrantes. ¿Qué opinas sobre las llamadas “devoluciones en caliente” de las personas que ya han cruzado al otra lado?

Pues esa es la ley que impera ahora en la Unión Europea, aunque sea España la encargada de aplicarla, pues mi opinión es que ningún ser humano es ilegal. Que un estado soberano como España no cumpla con acuerdos internacionales sobre derechos humanos dice mucho de sus gobernantes. Afortunadamente, la mayoría de españoles no piensa así. Expulsar a las personas nada más entrar no está bien. Deben por lo menos conocer los motivos que les llevan a viajar desde tan lejos y si esas personas tienen derecho a pedir asilo político.

¿Crees que esa medida logra frenar los saltos en la valla?

Creo que no. La gente muere en el intento de llegar hasta la frontera. Son muchas las penurias del viaje. Ellos no tienen nada que perder y sí mucho que ganar: un futuro. Su objetivo es entrar a Europa. Es triste que se jueguen la vida en el intento. He conocido a muchos que no lo han conseguido. Me apena esta situación.

¿Cuál es la situación de los africanos que están en Marruecos esperando a dar el salto?

Pues aquí están solo y exclusivamente de paso. A veces la policía les retira los papeles a las personas y los echan hacia el sur. Entonces, no les queda más que emprender el viaje de regreso. Ésa es la realidad.

He viajado mucho y he visto compañeros que ya no podían seguir y han decidido volver a sus países. Me gustaría que Marruecos afrontara con respeto y educación los problemas de los inmigrantes, ya que es un país donde buscar una oportunidad. Es un buen país.

 

Amadou no piensa en el futuro y como él mismo dice: “Estaré donde me lleve el viento”. Por el momento seguirá luchando por los derechos de los africanos y ayudará todo lo posible para que se sientan como seres humanos y no como moneda de cambio.

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