AQUÍ HUBO UNA CÁRCEL

Presentada la nueva Plataforma Ciudadana por el Centro de la Memoria Cárcel de Carabanchel, que reactiva esta histórica demanda de los movimientos vecinales y sociales del barrio con una base más amplia

En 1998 cerraba la cárcel de Carabanchel. Construida desde 1940 por los presos políticos de la cercana cárcel de Santa Rita, había sido inaugurada en 1944. Eran los años más crudos de la represión franquista de la posguerra, con población reclusa masiva y constantes ejecuciones. A partir de su construcción, “jugó un papel destacado en el sistema penitenciario franquista como centro de la red estatal de prisiones, por el que pasaban todos los presos y presas procesados o condenados, tanto para su comparecencia ante los tribunales como para ser trasladados entre las diferentes prisiones”, tal como se describe en el Manifiesto Ciudadano por el Centro de la Memoria Cárcel de Carabanchel, presentado el pasado 17 de julio en el Teatro del Barrio.

“En su interior se vivieron muchas historias de represión y resistencia, y no solo de presos políticos, en sentido estricto, sino de otras víctimas de persecución por rebeldía o disidencia social: insumisos, homosexuales, travestis, etc., y de la población reclusa en general, desposeída de muchos de los derechos humanos más básicos. La historia de esta prisión es también la de la solidaridad popular encarnada en las familias y organizaciones antifranquistas, y sobre todo las mujeres, que desde la calle se movilizaron en apoyo a los presos y presas”, continúa el manifiesto.

Contra la oposición de movimientos vecinales y sociales encuadrados en la plataforma Salvemos Carabanchel, en octubre de 2008 se demolía la prisión. Desde entonces, estos colectivos han continuado reclamando la creación de un centro de la memoria en los terrenos, que informe y documente la represión franquista y la lucha por las libertades en Madrid. El acto del 17 de julio ha supuesto un hito en esta lucha, pues con el manifiesto se ha presentado la nueva Plataforma Ciudadana por el Centro de la Memoria Cárcel de Carabanchel, integrada por los colectivos que ya estaban en la anterior, con la suma de otros nuevos y personas a título individual, creando así una base más amplia. Como nos explica Luis Suárez-Carreño, miembro de La Comuna, asociación de ex–presos y ex-presas participante en la plataforma, “se habían venido celebrando los aniversarios de la demolición, y el año pasado, en el décimo, de alguna manera esta conmemoración tiene mayor relevancia, y a raíz de ello las entidades involucradas decidimos ponernos en marcha otra vez con una campaña más profunda y constante con el tema del centro de la memoria… Y entonces, a la vista de que había nuevo Gobierno central progresista, otro en el Ayuntamiento, y podía haber uno en la Comunidad, la ventana de oportunidad estaba ahí. Ahora ya no lo hay ni en la Comunidad ni en el Ayuntamiento, pero en la medida en que éste es un tema que depende sobre todo del Gobierno central, esa oportunidad sigue existiendo. Y aunque no la hubiera, tenemos claro que tiene que haber un centro de la memoria”.

En este sentido, Jesús Rodríguez, vecino y miembro de Salvemos Carabanchel (y autor de un excelente libro de fotografías del derribo, Carabanchel, el derribo de la vergüenza), apunta: “en septiembre queremos retomar el trabajo para diseñar próximas movilizaciones, porque también ahora tenemos más apoyo, y esperamos que si finalmente sale un Gobierno de tendencia progresista esto se retome. Recordamos que uno de los acuerdos que hubo entre Podemos y PSOE fue construir un centro de la memoria a nivel nacional. Entendemos que lo que ellos proponen sería más amplio, pero podría constituirse una red con los distintos lugares relacionados con la represión”. Carabanchel, en palabras de Luis, sería el lugar idóneo para “plantear un centro que tenga que ver con la memoria del franquismo en Madrid, obviamente con el trasfondo y el telón de fondo del Estado”, pues “como es bien sabido, la prisión de Carabanchel tenía una proyección estatal: por ella pasaban los presos que traían del resto del Estado para ser juzgados en Madrid”.

Luis subraya el absurdo de la situación actual: “Se dieron una prisa enorme en tirar ese edificio, arrasarlo, y dejarlo ahí muerto de risa durante once años, pese a que hay un plan parcial que está aprobado y que se podría empezar a ejecutar legalmente”. Dicho plan dividía el terreno en tres usos principales: una parte para un hospital, otra para concentrar diversos servicios de las instituciones penitenciarias hoy dispersos, y 650 viviendas. Pero vino la crisis del ladrillo, y nadie ha construido unas viviendas para las que no habría precisamente abundancia de compradores, lo que parece demostrar la teoría de que la clave del plan era el paso de suelo público a manos privadas para la obtención de beneficios.

En cualquier caso, desde la plataforma se sigue insistiendo en que los terrenos deben revertir en el barrio: “Aquí había una cárcel, ¿por qué no nos compensan un poco y por una vez hacen algo para el barrio, para la ciudad y sus vecinos? Porque una vez nos diesen algo positivo, aunque no sacaran tanto dinero, tampoco iba a pasar nada...”, argumenta Jesús durante nuestra visita, insistiendo en que además hay terreno de sobra y que el centro de la memoria ocuparía solo un espacio pequeño en las 17 hectáreas del solar. “En fin, lo que queremos es sentarnos a hablarlo —resume Luis—, en primer lugar con la propiedad, que es el Ministerio del Interior, y luego obviamente con el Ayuntamiento, que es quien tendría que hacer la modificación del plan en el sentido que fuera necesario”. Y concluye: “hay que tener claro sobre todo que es un tema de voluntad política. Ahí hay suelo por un tubo, y si hubiera habido voluntad política a estas alturas habría un centro de la memoria sin ningún problema y compatible perfectamente con todo lo demás. Ése es el problema principal, porque la memoria en este país ya sabemos cómo está”.

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‘LA CÁRCEL ERA UNA ESCUELA POLÍTICA PARA MUCHA GENTE’

 Luis Suárez-Carreño, antiguo ‘residente’ de Carabanchel, reivindica la memoria de los presos ‘por nuestra dignidad como sociedad’

Luis Suárez-Carreño, arquitecto jubilado, activista social y miembro de la asociación de ex-presos La Comuna, nos recibe en su casa para hablar de su experiencia en la Cárcel de Carabanchel, de la que fue “residente” forzoso en dos ocasiones

•••    ¿Cómo llegas a la cárcel?

Yo tuve dos detenciones, y ambas me hicieron pasar por la cárcel. La primera fue en 1970, y pasé mes y medio en Carabanchel hasta que me dieron la libertad provisional. Luego fui a juicio y me echaron un año, pero ya no entré de nuevo porque hubo un indulto. Al llegar allí, había unos primeros días en aislamiento, que como venías de la Dirección General de Seguridad te permitían recuperar un poco la “paz interior”, porque sabías que en principio nadie te iba a seguir sometiendo a estos interrogatorios brutales. Estabas allí, y luego lo habitual era que pasaras a “la galería”, la tercera, donde estaban los presos políticos. Yo tenía 21 años y muy poca experiencia: me había “politizado” en la universidad, pero sabía muy poco… y al entrar en la galería te encontrabas con una variedad enorme de personas e ideas, realmente muy interesante. En condiciones normales, la cárcel era una escuela política para mucha gente.

•••    ¿Y en tu segunda estancia?

En el 73 me vuelven a detener y esta vez el paso por la DGS fue muy duro: cuando llegué a Carabanchel tenía lesiones en los pies, en el pecho, no sé si tenía una costilla rota o similar… De nuevo fue un alivio estar allí, en este caso mucho mayor, aunque sabía que ya no iba a salir en libertad provisional, porque cuando eras reincidente te la denegaban.

•••    ¿Cómo era la vida dentro?

Aunque cada cual tenía su organización y sus ideas, discutíamos y hablábamos entre todos, no eran mundos cerrados. Y en términos de vida cotidiana compartíamos muchas cosas. De hecho, el nombre de La Comuna viene un poco de esa organización que teníamos allí, en la que compartíamos la comida, los libros, poníamos entre todos dinero para comprar las cosas que necesitábamos... Era una vida muy comunitaria, donde tenías tu núcleo más próximo de gente de tu propia organización, pero con mucha permeabilidad hacia otros grupos y donde tus relaciones personales obviamente eran mucho más flexibles.

Ésa es la vida normal, y luego estaban los momentos duros. Normalmente había dos tipos de situaciones que provocaban que se rompiera la vida “tranquila”. Solía ser por problemas dentro de la cárcel, como que la dirección te intentara recortar algún pequeño espacio de libertad, o bien cuando había una movilización general en la calle y desde dentro nos sumábamos. Claro, cualquier acto de resistencia en la cárcel inmediatamente significaba que tu régimen de vida cambiaba radicalmente: se te aislaba y se te acababa lo de moverte, reunirte, etc. Había un régimen de celdas de castigo, de aislamiento, que era una situación muy dura: cuando estabas un mes o mes y medio aquello se hacía bastante jodido, y no digamos si estabas en huelga de hambre.

•••    ¿Cuánto tiempo estuviste esta vez en Carabanchel?

De junio del 73 a enero o febrero del 74, creo. Yo estaba solo con mi mujer en el proceso, por propaganda y asociación ilícita. Como era relativamente simple, la instrucción fue rápida, y cuando acabó el juicio me trasladaron a Jaén, luego pasé a Palencia y ahí acabé. Me cayeron cuatro años y dos meses, y estuve dos años y medio. Salí con el indulto de la muerte de Franco.

•••    En tu opinión, ¿por qué es necesario hacer un centro de la memoria?

Allí pasaron muchas cosas... La cárcel la construyeron presos en el momento más duro de la represión. Allí había muchos presos hacinados, y sacaron y mataron a mucha gente. Luego todo el proceso histórico de la dictadura se vivió también en ella, y sus muros contenían tantas historias que no deberíamos permitirnos que todo eso se perdiera, por nuestra dignidad como sociedad. No se debería haber demolido, pero ya que se destruyó hay que hacer algo para que su memoria reaparezca.

ROBERTO BLANCO TOMÁS FOTOS: R.B.T. Y  SALVEMOS CARABANCHEL


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