VECINOS SALVAJES. HISTORIAS DE NATURALEZA. Cometas en el cielo

Todos los estudios del registro material sugieren que las cometas fueron inventadas en la antigua China hace más de 2.000 años. Artilugios ligeros que, unidos a una cuerda, cabalgan los golpes de viento en piruetas coloridas y caleidoscópicas. Parafraseando el crudamente bello libro de Khaled Hosseini, nuestros azules cielos guardan también un paralelismo de juego de cometas.

Una de las aves más representativas de nuestros cielos es el milano. Así, a secas. Como el cernícalo. Pero, como suele ser habitual, la historia nunca es tan superficial como parece. Debido a nuestra privilegiada latitud, puente entre dos continentes, la península ibérica, y por ende Madrid, ponen el azul telón de fondo de dos especies de milano (kite, “cometa”, en inglés): el real y el negro.

El milano real (Milvus milvus) es, con toda probabilidad, una de las rapaces más bonitas que existen, con su mirada ávida y un plumaje elegante, de exquisita combinación de rojos ocres y castaños cremosos. Es nuestro vecino invernal: cuando la canícula asoma, sube a otras latitudes para dejar ese nicho a su vecino del sur, el milano negro (Milvus migrans).

Sin embargo, no es descabellado ver a ambas especies compartiendo escenario por el corazón de Casa de Campo, Carpetana, Madrid Río y, con frecuencia, los alrededores del hospital Gómez Ulla, a pesar de ser la atalaya de los misiles del viento, los halcones peregrinos.

El nombre de los milanos viene, como bien se puede suponer, del ahorquillado de su cola, que permite reconocer su silueta entre un marasmo de plumas. Ambos presentan esa forma tan característica, aunque en el real la angulación es mucho más afilada y puntiaguda.

Una realidad que no es ningún juego

Nuestras dos cometas presentan una diferencia abismal en cuanto a población. El milano real, catalogado como EN (en peligro), está casi restringido a la zona occidental de nuestro continente y territorios aledaños, como las islas británicas y el norte de África. Su pariente migrans, en cambio, está presente en prácticamente todo el Viejo Mundo y Oceanía, a excepción de las grandes zonas desérticas de este hemisferio. Su estado de conservación es actualmente LC (preocupación menor).

En este panorama disparejo, el alarmante descenso del milano real responde a un cóctel de circunstancias, entre las que destacan el envenenamiento, las colisiones y electrocuciones y la persecución sufrida durante décadas por “supuestos daños a la caza menor” (SEO/BirdLife).

A pesar de la presencia casi permanente de estas discretas aves de presa, la cultura popular las ha tenido presentes de manera vaga y difusa. Aquí no podemos olvidar el entrañable apodo con el que Azarías, personaje de Los santos inocentes, de Miguel Delibes, nombraba a su ave-amiga: “milana bonita”. Aunque aquella milana no era una rapaz, sino un córvido*, familia de la que también tenemos varios representantes en Carabanchel.

*Milana bonita es, en realidad, una grajilla occidental (Coloeus monedula).

El “kite” inglés nació del nombre del ave, y no al revés. El juguete infantil tan entrañable y en desuso en nuestro país fue bautizado en honor a la característica forma de la cola de estas bellas aves.


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