‘Hay que hacer cosas… Y si además te gustan y puedes ayudar, miel sobre hojuelas’
José Manuel Martín Almeida es vecino de Carabanchel. Sus padres fundaron Gráficas Almeida en 1953, y él continuó al frente hasta su jubilación, hace cinco años. Persona comprometida, participa en varias asociaciones del Distrito. Ha sido vicepresidente de la Asociación de Ayuda al Pueblo Saharaui de Madrid, fundador del proyecto 4x4 Solidario y es socio de honor de Humancoop.
●●● José Manuel, ¿cómo tomas contacto con la causa del pueblo saharaui?
Por medio de un amigo que hizo la mili al mismo tiempo que yo y a él le tocó en el Sahara, José Taboada, ahora presidente de la Coordinadora Estatal de Ayuda al Pueblo Saharaui. Cuando empezaron con la asociación en Madrid, comenzaron a encargarme trabajos de impresión, y ahí empecé a enterarme bien de la causa y a implicarme. En el 2000 un grupo de periodistas fue allí, me apunté y fue la primera vez que vi la situación que tenían en los campamentos de refugiados.
●●● ¿Cómo surge el proyecto 4x4 Solidario?
Vi que allí había muchas necesidades, y una de ellas era la falta de vehículos… Entonces se me ocurre el proyecto de reunir durante el año un grupo de vehículos, llevarlos con el material que pudiéramos meter dentro y dejarlo allí todo. En el 2007 hicimos el primero y llevamos cuatro Land Rover y un camión cargados con distinto material. Yo lo dejé hace seis o siete años en manos de unos amigos, que son los que lo siguen llevando todos los años. Hasta la fecha se han podido llevar 150 vehículos de todo tipo: autobuses, camiones de bomberos, grúas… En fin, lo que vamos por ahí apañando: algunos son donaciones, otras cosas las compramos entre todos... Material médico, placas solares, máquinas de coser, ordenadores, libros, café, azúcar… De todo.
Nosotros llegábamos a los campamentos, a la Media Luna Roja, entregábamos una parte, y si llevábamos diez vehículos nos quedábamos con dos o tres todoterrenos para internarnos en los territorios liberados ya dentro del Sahara, donde no va ninguna ONG. Allí, claro, hay una enorme necesidad de todo. Vimos que había dos hospitales, pero estaban infrautilizados. Como siempre estamos buscando recursos aquí para llevarlos, un amigo me dice: “Mi dentista se jubila y dona la clínica, pero tenemos que quitarla pasado mañana, porque tiene que entregar el piso”. Y ahí nos vimos desmontando la clínica, y cuando ya lo hemos llevado todo al almacén nos damos cuenta de que montarlo allí va a ser muy complicado, entonces buscamos quién repara esos equipos, contacto con ellos y les digo: “Tenemos este problema, y además los equipos habría que mirarlos a ver cómo están y repararlos si es necesario, porque no vamos a llevar una cosa que no funciona”. Me dicen: “Bueno, tráenoslo y lo revisamos”. Así que lo revisan, lo preparan y nos “prestan” un técnico. Entonces lo metemos todo en un camión, logramos que nos den permiso para llevarlo a Tifariti, llegamos allí, montamos todo y llega el siguiente problema: ¿quién viene aquí a trabajar con esto? Encuentro una ONG que se llama Dentalcoop, hablo con el presidente y al siguiente 4x4 llevamos una expedición de dentistas, que comienzan a trabajar y aquello empieza a evolucionar. Tanto que Dentalcoop cambió su nombre por Humancoop, porque ya iban médicos de distintas especialidades a realizar su labor en el hospital de Tifariti.

●●● Cuéntanos un poco más sobre vuestra labor en los territorios liberados...
En los territorios liberados tenemos, por orden desde que pasas la frontera argelina, Bir Lehlu, Tifariti, Mheiriz, Miyec, Agwanit y Zug; entonces fuimos llevando comisiones médicas a todos estos sitios, tres o cuatro al año, y viendo las necesidades. Se hizo formación también para enfermeros y matronas que había allí, y en el hospital de Tifariti conseguimos poner operativo el quirófano: llevamos maquinaria, se limpió aquello y pedí que tuviéramos nosotros las llaves y así conseguimos tenerlo muy controladito. Pero en 2020, con la ruptura del alto fuego, se fue a tomar por saco todo. Habíamos hecho unas cartillas médicas y conseguido crear un sistema sanitario por esa zona de los territorios liberados... Pero ya te digo: se rompe el alto el fuego y la población civil se tiene que ir.
●●● ¿Cómo evolucionó la situación y vuestro trabajo tras la ruptura del alto el fuego?
Bueno, nuestro objetivo era proporcionar servicio y asistencia a esa población de los territorios liberados, y mucha había ido a Bir Moghrein, ciento y pico kilómetros al sur de Tifariti, ya en Mauritania, donde había 5.000 mauritanos y ahora hay 20.000 almas. Allí es donde llevamos ahora la asistencia sanitaria. El viaje es complicado, pero hay que llegar allí.

●●● Eso nos lleva al proyecto actual: el camión de bomberos...
Sí, llevamos una ambulancia, y nos contaron que dos semanas antes habían tenido un incendio. Allí los intentan apagar con cubos de arena, pero en realidad se apaga cuando el fuego ya se ha comido lo que sea. Se habían prendido cinco o seis jaimas, y una chiquita salió con quemaduras graves por todo el cuerpo. Y entonces nos piden si podríamos llevar un camión de bomberos. Y en eso estamos.
Te cuento: se hace una reunión en Cazalegas (Toledo), porque hemos conseguido hermanar su ayuntamiento con el de Bir Moghrein. Yo cojo el Land Rover, me voy para Cazalegas, paso por Torrijos… Coño, y veo un camión de bomberos en un desguace. Así que me meto allí, empiezo a hablar con el dueño, le pregunto si está en marcha, me dice que sí y que además lo han arrancado no hace mucho. Le pido precio, el que me da me parece imposible y me voy, pero sigo dándole vueltas... Bueno, pues al final lo he conseguido: rifé una moto que tenía y un cochecito de juguete de los años 50, pusimos algo más y al final compramos el camión. Pero claro, necesita unas cuantas reparaciones... Es un Pegaso de los años noventa, 4x4, con 65.000 kilómetros. Lo tenía la diputación de Toledo para los pueblos. La bomba de agua está bien, y eso es clave, porque ya no es solo para apagar un fuego: tiene una cisterna de 6.000 litros y tú puedes llegar a un pozo, coger 6.000 litros de agua y transportarlos donde hagan falta. Es doblemente útil allí. Con una mecánica sencilla además, que no tiene nada electrónico: si se rompe algo, lo puedes arreglar.

●●● También has hecho cine documental relacionado con esta temática…
Sí, un año estábamos en uno de los campamentos, al que habíamos llegado para luego desplazarnos a los territorios liberados. Se nos había roto el palier de uno de los Land Rover, lo cambiamos y cuando entro estaban los compañeros charlando con una joven saharaui. Siempre que hay un encuentro, lo primero que te preguntan es cómo te llamas, de dónde vienes y en qué trabajas, y yo le hago estas preguntas y me dice: “Estoy detectando minas”. Claro, me dejó patidifuso y quise que me explicase más, así que me contó cómo lo hacían, y yo me quedé muy impresionado. Tanto que en unos cuantos años conseguí producir un documental sobre ello que se titula Mutha y la muerte de Hamma Fouco. Lo hemos llevado a muchos festivales internacionales y hemos tenido 10 o 15 premios importantes.
Y ahora estoy produciendo otra película. La primera comisión médica que llevamos a Mauritania fue a Chingueti. Cuando llegamos, me di una vuelta por la ciudad antigua, y en una puertecita había un cartel que ponía “biblioteca”. Consigo que me abran, veo lo que tienen allí y alucino. Y me dicen: “Pues hay más bibliotecas aquí”, y me entero de que desde el siglo X u XI las familias de allí están recopilando manuscritos y libros y guardándolos en las bibliotecas, y que hay otras tres ciudades más al sur donde también hay bibliotecas y también se recogen esos libros. Casi todos provienen de Al-Ándalus, de las caravanas que se trasladaban desde el norte hacia el centro de África intercambiando sal, libros, telas y especias por esclavos, oro… Entonces se lo cuento a Jerónimo, el médico internista que lleva el equipo médico allí, que somos muy amigos. Le voy a buscar a Granada, donde estaba trabajando, y atravesamos todo Marruecos, el Sahara ocupado, Mauritania, llegamos a Chingueti y bajamos por el desierto a conocer las otras tres ciudades: Ouadan, Tichit y Oualata. Hablamos con los bibliotecarios, con la gente y localizamos para hacer una película. Y en ésas estamos: ya la hemos rodado. Llevamos un equipo allí, y yo creo que Alá nos está protegiendo un poco, porque fíjate: ya no hay apenas caravanas de camellos, queda solo una que recoge sal para los animales y la lleva al sur. Así que habíamos pensado alquilar unos camellos y un pastor cuando llegásemos a Chingueti y hacer una simulación para la peli. Pero cuando veníamos de Oualata para Tichit nos despistamos un poco y nos fuimos de la ruta, así que acampamos y nos pilló el siroco además... Y cuando nos levantamos, en el horizonte, venos una hilera de camellos. No lo puedes hacer a propósito, porque no sabes cuándo sale ni cuál es la ruta, y pillarlo en medio del desierto y con el siroco… Así que conseguimos grabar la caravana, fue alucinante. Y ahora ya lo tenemos todo grabado, la siguiente semana se hace el que creo será el montaje definitivo y ahora estamos buscando financiación para rematar la película.
●●● No paráis…
Es que hay que hacer cosas… Y si son cosas que te gustan y que además puedes ayudar, como decía mi abuela, miel sobre hojuelas.
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