La historia de Luciano Castellanos Carrasco

Crecí en Carabanchel sin sospechar que, bajo mis pasos, latía la historia de mis antepasados. Hoy recorro nuestro barrio con una mirada totalmente diferente, con la emoción de haber reconstruido un relato familiar que parecía perdido para siempre.

La historia de Luciano Castellanos Carrasco (mi bisabuelo paterno) en nuestro barrio comenzó mucho antes. Nacido en Osa de la Vega (Cuenca) el 30 de mayo de 1895, era hijo de Esperanza y María. Fue el mayor de tres hermanos: Luciano, Gabino y Jacinto. Se trasladó a Madrid siendo joven, alrededor de 1914, junto con su familia, donde se estableció como albañil en el municipio de Carabanchel Bajo. Aquí formó su hogar con Teresa de Blas Vega, con quien tuvo cinco hijos: María, Teresa, Josefa, Esperanza y Pedro.

Se afilió a la UGT en 1929 y al Partido Socialista en 1932, como sus dos hermanos, con los que compartió vida, ideología y destino. Su hermano Gabino llegó a ser concejal del Ayuntamiento de Carabanchel Bajo en 1931 y presidente de la Casa del Pueblo. Durante la Guerra Civil, Luciano y Gabino llevaron a sus familias a Vall de Uxó (Castellón), para ponerlas a salvo, ya que sabían que estaban señalados.

Tras el fin del conflicto, fue detenido por la Guardia Civil el 2 de septiembre de 1939 en Carabanchel Bajo, con denuncias de ocho vecinos. Fue sometido a un procedimiento sumarísimo de urgencia (junto a sus dos hermanos, ya que las denuncias fueron conjuntas para los tres), pasando por las prisiones de Yeserías, San Lorenzo y Comendadoras.

Luciano negó sistemáticamente las acusaciones recogidas en las denuncias (sin testigos, pruebas o fechas de los hechos denunciados), afirmando que su labor durante la Guerra Civil fue de guardia y abastecimiento, pero el tribunal ignoró las pruebas de descargo. Entre estas pruebas figuraba un documento firmado por 46 vecinos que avalaban su “conducta inmejorable” durante 16 años y el testimonio de Francisco San Juan, quien afirmó que Luciano le salvó la vida al evitar que otros milicianos lo sacaran de su casa en 1936. El tribunal no solo desestimó estos avales, sino que propuso procesar a los firmantes por defender al acusado.

El 25 de junio de 1940, el consejo de guerra lo condenó a la pena de muerte por el delito de “adhesión a la rebelión”. La sentencia fue ratificada por la Auditoría de Guerra el 12 de julio y por la Capitanía General el 30 de agosto de 1940. Desde ese momento estuvo en la cárcel de Comendadoras, hasta que fue fusilado a las 6:20 del 26 de septiembre de 1940 en las tapias del Cementerio del Este (actual Almudena). Tenía 45 años. Su cuerpo fue inhumado en una sepultura de caridad (manzana 97, letra a, fila 9, cuerpo 11). Su familia fue a visitarle a la cárcel de Comendadoras el mismo día de su fusilamiento. Entraron sus dos hijos menores, Esperanza y Pedro, de 6 y 2 años respectivamente; les consolaron los presos compañeros de Luciano. No obtuvieron ninguna información más.

Su hermano Gabino Castellanos Carrasco fue fusilado el 21 de febrero de 1941 en Alcalá de Henares, un día después de su cumpleaños. Jacinto Castellanos Carrasco fue condenado a 30 años de prisión mayor, siendo el único que logró sobrevivir.

La represión contra Luciano no terminó con su muerte. En 1944, el Tribunal de Responsabilidades Políticas continuó investigando sus bienes. Los informes policiales de la época describieron una situación desoladora: tras su muerte fueron despojados de su casa (que estaba en pie y habitable), y su viuda y sus cinco hijos vivían en un solar próximo al puente de Toledo, “todos en la miseria, careciendo de lo más indispensable para vivir”. María, su hija, estaba embarazada de seis meses de mi padre. Llevaba casi cuatro años intentando conseguir el certificado de defunción de su padre, trámite imprescindible para poder casarse… Nunca lo consiguió. Fue madre soltera en noviembre de 1944.

Tras ocho años de peregrinaje entre archivos, registros y formularios, hoy, gracias a los propios documentos de la época que intentaban hacerle desaparecer para siempre, he podido recomponer gran parte de su vida. Un camino en el que estaré eternamente agradecida al colectivo Memoria y Libertad. Ellos me dieron la primera pista para iniciar mi investigación y, con una generosidad infinita, me han llevado de la mano durante todos estos años de búsqueda a ciegas, hasta devolverme mis raíces.

Por fin sabemos que Luciano fue muchas cosas a lo largo de su vida y después de ella. Fue invisible durante 86 años, los que transcurrieron desde que fue detenido el 2 de septiembre de 1939 y fusilado el 26 de septiembre de 1940. Solo pervivió su nombre, con muchas preguntas y ninguna respuesta, transmitido de sus hijos a sus nietos y a su vez a sus bisnietos. Hoy, por fin, sabemos que Luciano fue hijo, hermano, marido, padre, vecino y amigo durante su vida, y abuelo, bisabuelo, tatarabuelo mucho después de su muerte. Su nombre y el vacío que dejó en su familia me ha acompañado a lo largo de toda mi vida, a través de mi abuela María, su hija mayor, que tenía 20 años cuando perdió a su querido padre.

Hoy puedo escribir su historia, que también es la mía, y dar respuesta a las preguntas que se hizo durante toda su vida, mientras que luchaban para poder seguir adelante, aunque tenían todo en contra. Se llamaba Luciano Castellanos Carrasco y es mi bisabuelo. Su memoria sigue viva en mí.

 Mi búsqueda sigue… 
Me encantaría ponerme en contacto con cualquier vecino o familiar que conserve recuerdos, fotografías, anécdotas o historias transmitidas que puedan ayudarme en la investigación de la historia de nuestro barrio en este periodo histórico. Si conservas algún dato o recuerdo, por pequeño que sea, te agradeceré enormemente que me escribas a periodico@avocesdecarabanchel.es

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▴ Los hermanos Castellanos Carrasco, en la Casa del Pueblo de Carabanchel Bajo, en un evento con niños y niñas de la localidad.

‘Me hubiera encantado conocer en persona a Luciano y a sus hermanos’

Tras ocho años de investigación, Olga, vecina de Carabanchel Bajo, ha logrado reconstruir la historia de su bisabuelo paterno, fusilado en 1940

ROBERTO BLANCO TOMÁS

Olga es una vecina de Carabanchel Bajo que ha vivido toda su niñez, adolescencia y primera edad adulta en el barrio. “Siempre he tenido un gran arraigo aquí —explica—. De hecho, sabía que la casa donde me crie estaba construida en el mismo solar en el que mi bisabuelo materno, Segundo Peña, tenía su hogar. Lo que no sospechaba era que el barrio guardaba también la historia oculta de mi bisabuelo paterno”. De hecho, Segundo fue uno de los firmantes del aval que defendía la conducta de Luciano, su bisabuelo paterno, finalmente fusilado.

La historia de Luciano nos la cuenta Olga en el texto de al lado. Conocerla hasta donde es posible le ha llevado ocho años de investigación: comenzó en agosto de 2018. “Estaba de vacaciones y tecleé el nombre y apellidos de mi bisabuelo en un buscador —recuerda—, lo que me llevó a encontrar algunas entradas, entre ellas el blog ‘Quiénes eran’, del colectivo Memoria y Libertad. No podía creerlo: había una entrada sobre su hermano Gabino escrita por su nieta Gema, y ella misma había puesto un enlace con el nombre de mi bisabuelo, su fecha y lugar de ejecución, su lugar de nacimiento y su profesión”.

A partir de ahí, Olga contactó con el administrador del blog y lo primero que recibió fue la copia de la ficha de su sepultura de caridad y su inscripción en el libro de enterramientos del Cementerio de la Almudena. “Fue un shock total —reconoce—: comencé mi investigación por lo que creía el final de su vida y comprendí que tenía que averiguar todo lo anterior. En el colectivo, Tomás Montero me fue guiando sobre qué buscar y dónde solicitarlo. Así empecé a aprender sobre formularios, números de sumarísimos, buscadores de víctimas, publicaciones y censos históricos”.

De este modo, la búsqueda se va haciendo más y más grande: “Comencé buscando a mi bisabuelo y, durante este largo camino, fui adaptando mis metas según lo que descubría. Actualmente me hallo en la búsqueda activa de la trayectoria de cinco familiares, todos vecinos de Carabanchel Bajo en la misma época, incluido Luciano. En este momento cuento con seis sumarísimos de urgencia, más de 600 documentos de distintos tipos”.

“La investigación ha sido una auténtica montaña rusa —continúa—. Ha habido momentos muy duros, especialmente al recibir el informe del Tribunal de Responsabilidades Políticas de 1944. En él se constataba que, casi cuatro años después del fusilamiento de Luciano, la familia había sido expulsada de su casa, estaba sometida a seguimiento, vivía en la más completa miseria y mi abuela estaba embarazada de mi padre sin poder casarse... Y sigo intentando asimilar que durante toda mi vida en el barrio he vivido enfrente de donde vivió Luciano, que fui a un colegio cuya calle coincide con la de uno de los vecinos que lo denunciaron...”.

“Pese a todo —concluye Olga—, esta investigación me ha dado muchísimo: he descubierto a los nietos de Gabino, que me han recibido con el corazón abierto; me ha aportado el sentido de la responsabilidad familiar para recuperar la figura de Luciano y me ha permitido cerrar el círculo para cumplir el deseo de mi querida abuela María, quien siempre se lamentó de no saber qué ocurrió con su padre. Me hubiera encantado conocer en persona a Luciano y a sus hermanos; creo que fueron personas muy especiales de las que habría aprendido mucho sobre compromiso e integridad. Sigo buscando...”.


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