Vamos a hablar de algo incómodo, molesto, porque al fin y al cabo no siempre podemos depositar toda la culpa en otras personas o Administraciones.
De un tiempo a esta parte, no dejo de observar el creciente depósito de bolsas de escombros de obra en todas partes, pero preferentemente al lado de contenedores o en los aparcamientos de calles como Secoya, dentro del polígono de Aguacate. Madrid vive un aumento en el abandono de escombros, y no solo en los barrios periféricos de la capital. El aumento de las denuncias refleja un fenómeno cada vez más habitual y con un fuerte impacto ambiental.
Como se publicó hace poco: “Ante la creciente presión vecinal y mediática, la Comunidad de Madrid ha anunciado una inversión de 4,9 millones de euros para reforzar en 2026 la gestión de residuos de construcción y demolición. El objetivo es fortalecer los centros públicos de clasificación y tratamiento, considerados infraestructuras clave para prevenir estos vertidos. El plan incluye mejoras en la separación de materiales, controles ambientales más estrictos y nuevas mediciones topográficas para monitorizar los volúmenes gestionados. Aunque las medidas representan un avance, organizaciones ecologistas y asociaciones vecinales coinciden en que la solución pasa por más vigilancia, sanciones efectivas y una mayor coordinación entre Administraciones”.
Pero yo no estoy del todo de acuerdo con la solución. Porque esos sacos de escombros salen de algún lado y sabemos bien de dónde: de nuestras casas. El aumento en el abandono de escombros es directamente proporcional al incremento de obras de rehabilitación y mejora en nuestros barrios. Vamos, que los escombros, a priori, son nuestros.
Entre las obligaciones que nos gusta saltarnos cuando contratamos una obra (ausencia del pertinente permiso de obra —el verdadero, digo—, pagos sin IVA y nuestra total despreocupación por la legalidad de los contratos de los “obreros”, cada día distintos, etc.), también está la obligación de la gestión y reciclaje de los residuos. Cuando renovamos la casa, los escombros, muchas veces en sacas, deberían ser acopiados por el contratista, recogidos y llevados a un punto de reciclaje, y allí depositados… previo pago.
¿Se han fijado si en el presupuesto de obra que ustedes pagan viene incluida esa partida? Es más, al terminar la obra, ¿algún contratista les ha entregado el certificado de reciclaje por el que ustedes ya han pagado? Posiblemente sus respuestas sean “no” y “no”. Primero, seguramente, por desconocimiento. Y segundo, quizás, por desinterés.
Pero que les quede claro: ignorar estas cuestiones, sin querer o queriendo, no les exime de ser tan culpables del abandono como el contratista que, por ahorrarse el pago de la tasa de reciclaje, cada día abandona las bolsas en la calle. O peor aún, dentro de los contenedores. Así que, en la próxima obra que hagan, asegúrense de exigir y verificar que, al menos, sus escombros son reciclados.
Lo siento, vecino, pero el primer responsable es usted.
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