Emilio Ramos González ha vuelto a casa

Carabanchel recuerda a un vecino del Distrito víctima del Holocausto

Quienes, desde el pasado 20 de julio, hayáis accedido a la Biblioteca Ana María Matute, posiblemente habréis “tropezado” con un adoquín que destaca en el pavimento exterior de su entrada. No es que supere en nivel al resto del suelo de grandes losetas de granito que configuran la superficie exterior que rodea el edificio de la biblioteca; sobresale por su brillante color dorado en medio de los tonos grises de ese espacio.

Quizás habrás observado que esa pieza cuadrangular tiene varias palabras grabadas, y seguramente, casi sin querer, te habrás inclinado para poder leer el texto inscrito: “Aquí vivió Emilio Ramos González. Nacido 1917. Exiliado 1939 Francia Stalag Trier. Deportado 1941 Mauthausen-Gusen. Asesinado 5.12.1941”.

¿Cómo llegó este vecino de Carabanchel desde este rincón, a la orilla del Manzanares, a ser asesinado en una lejana localidad austriaca a orillas del Danubio? Si te has hecho esta pregunta, esa pequeña piedra habrá cumplido su propósito.

En el lugar que hoy ocupa la biblioteca, en la calle anteriormente denominada Isaac Albéniz, existía un grupo de casas bajas donde vivía la familia de Emilio. Allí nació el 24 de noviembre de 1917. Aprendió el oficio de zapatero y, durante la Guerra de España, formó parte del Ejército leal al Gobierno constitucional de la República. Como tantos miles de españoles, en 1939 tuvo que cruzar la frontera hacia Francia, huyendo de un más que incierto futuro y dejando en Madrid a toda su familia.

En 1940, tras la rápida capitulación francesa ante la invasión alemana, varios miles de aquellos exiliados que buscaron seguridad en el país vecino fueron enviados a campos de prisioneros de guerra, cuyas condiciones no eran tan terribles como las de los campos de concentración. Son conocidos con el nombre de stalag. Emilio pasó por los de Fürstenberg y Trier, ambos en territorio alemán.

Abandonado, como el resto de internos, por las autoridades españolas de la época, en enero de 1941 fue deportado al complejo de concentración de Mauthausen, próximo a la ciudad de Linz, en el territorio —entonces anexionado a Alemania— de Austria. A su llegada, su nombre fue borrado y se le asignó el número 47.438.

Si era difícil sobrevivir en el campo central de Mauthausen, mucho más lo era en el cercano subcampo de Gusen, donde fue enviado Emilio tras pasar nueve meses en Mauthausen. Allí tampoco fue Emilio, sino el número 14.433.

El 5 de diciembre de 1941, pocos días después de cumplir 24 años, murió sin que se tenga conocimiento de la causa concreta.

‘Stolpersteine’

El pequeño hito dorado colocado en la biblioteca forma parte del proyecto artístico y memorial de Gunter Demnig, un artista alemán que a mediados de los años 90 del pasado siglo comenzó a instalar adoquines similares en recuerdo de personas de etnia gitana que habían sido deportadas a campos de concentración nazis desde la ciudad donde vivía, Colonia.

Los denominó Stolpersteine (“piedras en las que puedes tropezar”), y comenzó su colocación en respuesta a la negativa —por parte de algunos habitantes— a reconocer que hubo deportación de gitanos que eran vecinos de esa ciudad.

En un primer momento eran anónimos, es decir, dedicados a “una persona” sin concretar su nombre, e incluso fueron numerados por el propio artista pensando que sería muy limitado el número de Stolpersteine que llegaría a colocar.

Lo cierto es que aquella modesta iniciativa, llevada a cabo en los primeros meses de forma clandestina, llamó la atención de otras personas, asociaciones y ciudades que se interesaron por la misma y comenzó a expandirse por otras ciudades alemanas y, posteriormente, por otros países europeos. Igualmente, incorporó a otros colectivos de víctimas del nazismo como posibles merecedores de reconocimiento con Stolpersteine.

En la actualidad (agosto de 2021) hay instaladas casi 90.000 Stolpersteine en unas 2.000 localidades de 27 países, constituyendo de esta forma el monumento más extenso del mundo, siendo notablemente apreciado por las autoridades de aquellas ciudades en las que está presente. Y por supuesto, aún mucho más valorado por las familias de las propias víctimas homenajeadas con este memorial, a la vez tan pequeño y tan grande.

A pesar de ello, se siguen manufacturando de forma artesanal, en manifiesta contraposición, según Gunter Demnig, al trabajo esclavo y repetitivo al que los nazis obligaron a muchas de sus víctimas. Además, todas los Stolpersteine son similares, independientemente de la notoriedad o del anonimato de la víctima.

Otro de los requisitos es que se debe colocar, siempre que se conozca, en el lugar que fue el último domicilio voluntario de la persona a la que se le dedica. De este modo, su homenaje no se concentra en un solo punto de la ciudad, sino que se distribuye por los barrios, donde los que hoy habitan tienen así la oportunidad de recordar a alguien que fue un vecino cercano.

En la actualidad hay casi 500 Stolpersteine colocados en España, principalmente en Catalunya y en Baleares. Hay otro instalado en Moralzarzal y otros dos en Fuenlabrada. Con el colocado en recuerdo de Emilio son 32 los ubicados en la ciudad de Madrid.

Gracias a esta pequeña piedra, Emilio Ramos González ha vuelto a su casa.

Queremos agradecer a la Junta Municipal del Distrito de Carabanchel la aprobación, por unanimidad, de la colocación de la Stolperstein a Emilio Ramos. También por su contribución para la instalación de la misma. Igualmente, al concejal presidente del Distrito y otros representantes políticos de la oposición por acompañar a las dos hermanas de Emilio y al resto de sus familiares en el acto de colocación.


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